El universo en su
infancia
Carlos A.
Marmelada
Ampliación del artículo Materia
oscura y
energía oscura, enigmas de la cosmología. Foto
de
infancia del universo publicado en Aceprensa 038/03, el 12-03-2003
- Una sonda de la
NASA, WMAP, ha permitido componer la
“foto” más detallada que se ha obtenido
hasta ahora del universo primitivo, a los 380.000 años de
edad. Los nuevos datos permiten explicar mejor cómo se
formó el cosmos actual a partir del Big Bang; pero a la vez
refuerzan la importancia de la materia oscura y la energía
oscura, sin desvelar la naturaleza de estas entidades. Y, claro, siguen
sin decir de dónde vino el Big Bang.
1. Foto de infancia del Universo.
Actualmente la inmensa mayoría de los
miembros de la comunidad científica considera, grosso modo,
que la teoría del big bang es la concepción
cosmológica más correcta de que tenemos sobre el
origen del universo. Según esta teoría, el
universo
habría surgido hace unos 15.000 millones de años
(tal
como se venía estimando durante la década de los
setenta y los ochenta) a partir de la gran explosión (big
bang) producida en una singularidad que habría dado lugar al
espacio-tiempo y a toda la materia-energía existente hasta
ahora.
Nuestras teorías científicas
no
tienen forma de saber qué sucedió entre el
momento de
la gran explosión (t = 0) y el llamado tiempo de
Planck (t = 10 elevado a -43 segundos). Al periodo
comprendido entre ambos instantes el físico James S. Trefil
le denomina la Edad de los dragones, para expresar
de una
forma simpática el desconocimiento que tienen los
cosmólogos de ese lapso de tiempo crucial. Cualquier cosa
que digamos acerca de lo sucedido en la Edad de los dragones es
pura especulación. En muchas ocasiones será un
despliegue intelectual realmente admirable gracias al grandioso
aparato matemático que le acompaña, pero
especulaciones al fin y al cabo. ¿Por qué? Pues
porque no existe forma humana posible de realizar experimentos que
reproduzcan las condiciones físicas que debieron darse en
ese lapso de tiempo. Para ello necesitaríamos construir un
acelerador de partículas del tamaño del sistema
solar
y, además, sería necesario utilizar unas
cantidades
de energía absolutamente fuera de nuestro alcance. Se trata
de dos dificultades prácticas insalvables. Son dos handicaps
demasiado grandes como para pensar que se van a poder soslayar a
corto o medio plazo, incluso resulta impensable poder solventar
estas cuestiones a largo plazo. Desde luego, pueden
diseñarse otros experimentos más modestos, pero
no
podrán reproducir las condiciones exactas de la Edad de los
dragones. Serán experimentos cuyos resultados
sólo
podrían ser extrapolables, con todas las limitaciones que
ello implica. Así, pues, todas las explicaciones que nos den
las teorías que quieran describirnos los sucesos acaecidos
en la edad de los dragones serán especulaciones puramente
teóricas.
Una vez pasado el tiempo de Planck
la
cosa cambia substancialmente. Las teorías físicas
pueden explicarnos con un grado de verosimilitud ciertamente
elevado lo que muy probablemente debió de suceder en
realidad. Para mayor seguridad, en los aceleradores de
partículas se han podido comprobar muchas de las
predicciones que esas teorías habían hecho.
Sin embargo, una cosa es tener un conocimiento
teórico del universo en su infancia a través de
cálculos matemáticos o de experimentos realizados
en
aceleradores de partículas extrapolando sus conclusiones, y
otra muy distinta es tener una observación
empírica
del universo en su más tierna infancia.
El desarrollo tecnológico nos ha
permitido lanzar al espacio una sonda capaz de hacer la “foto
de infancia” del universo, la foto más antigua y
con
mejor resolución jamás lograda hasta ahora,
aunque
esperamos que la sonda europea Planck pueda superarla en el
2007.
2. WMAP.
La sonda WMAP de la NASA ha permitido componer
por ordenador la foto más detallada que se ha obtenido hasta
ahora del universo primitivo, cuando
“sólo”
tenía 380.000 años de antigüedad; es
decir:
cuando tan apenas era “bebé”, si lo
comparamos
con los 13.700 millones de años que tiene actualmente. Los
datos que ha suministrado WMAP nos han permitido comprender un poco
mejor cómo se ha formado el universo a partir del big bang;
sobre todo en lo que se refiere a las grandes estructuras como las
estrellas o las galaxias. Sin embargo, como sucede casi siempre en
ciencia, junto a las respuestas que proporcionan los nuevos
conocimientos aparecen, concomitantemente, nuevos interrogantes.
Así, los datos obtenidos por WMAP confirman la importancia
que tienen la materia oscura y la energía
oscura en la configuración del universo tal como
lo
conocemos hoy; aunque, lamentablemente, WMAP no nos ha podido
desvelar nada acerca de la naturaleza de ambas entidades, que son
los dos grandes enigmas a los que se enfrenta la cosmología
actual. Dos retos fascinantes que tienen en jaque a la
cosmología y que están absorbiendo los esfuerzos
más notorios de físicos teóricos y
astrónomos.
Pese a este déficit de
información
sobre la energía y la materia oscuras, las aportaciones de
la sonda WMAP son muy importantes. Al analizar sus datos, los
científicos no han podido dejar de sorprenderse. Tanto los
cosmólogos como los astrofísicos coinciden en
reconocer que nuestros conocimientos acerca de los orígenes
y la evolución del universo, el nacimiento de las primeras
estrellas y la formación de las primeras galaxias
deberán ser revisados a la luz de los nuevos datos.
Hasta hace poco los cosmólogos
creían que las primeras estrellas se habían
formado
casi mil millones de años después del big bang;
que
la materia oscura no había jugado un papel relevante en la
formación de dichos astros; que el universo tenía
una
antigüedad comprendida entre los 10 y los 20 mil millones de
años, y que su expansión se venía
decelerando
por la acción de la gravedad. Estos eran los elementos
básicos de nuestra visión del cosmos hasta
principios
de los noventa. Durante esa década, numerosas
anomalías en este paradigma hacía sospechar que
las
cosas no podían ser exactamente así. Los datos
proporcionados por WMAP confirman estas sospechas y nos obligan a
revisar nuestros conocimientos acerca de estos temas.
El satélite MAP (Microwave Anisotropy
Probe o sonda de anisotropías de microondas) fue lanzado al
espacio el 30 de junio de 2001. Más tarde fue rebautizado
con el nombre: WMAP en honor a la memoria de David Wilkinson,
cosmólogo de la NASA y uno de los primeros directores del
proyecto hasta su fallecimiento en septiembre de 2002. La sonda
tardó tres meses en alcanzar su órbita, situada a
1’5 millones de kilómetros de la Tierra. En cada
revolución hace una exploración completa del
firmamento cada seis meses.
3. La edad del universo.
A principio de los años treinta del
siglo
pasado y gracias a los trabajos de Edwing Hubble, se hizo
“observacionalmente” evidente de forma indirecta
que el
universo no era estático sino dinámico y que se
estaba expandiendo, de modo que las galaxias se alejaban unas de
las otras. De este modo se hizo popular la evidencia, sugerida
teóricamente por George Lemaîttre a finales de los
años veinte, de que si pasábamos la
película
al revés llegaría un momento en que toda la
materia y
la energía estarían unidas en una singularidad
espacio-temporal. Ahora bien, ¿cuánto tiempo
habría transcurrido desde que ocurrió el big bang
hasta nuestros días? O lo que es lo mismo,
¿cuál es la edad del universo?
Los primeros cálculos, realizados por
le
propio Hubble en los años treinta, arrojaron una cifra
desconcertante, ya que le otorgaban al universo unos 2500 millones
años de antigüedad. Algo que era absolutamente
imposible porque ya se sabía que la edad de la Tierra
superaba los 4000 millones de años. Desde luego
había
habido algún error en el cálculo. Esta
situación paradójica, de un modo u otro, se ha
seguido manteniendo hasta hace muy poco, ya que se producía
la inquietante situación de que los nuevos
cálculos
para la edad del universo solían dar cifras en las que
éste resultaba ser más joven que las estrellas
más antiguas 1, lo que es imposible.
Aunque nuevos
cálculos aumentaron la edad del universo, no era suficiente
y, sobre todo, estas vacilaciones y estas modificaciones ad hoc
servían a los críticos del big bang como
argumento a
favor de la debilidad de esta teoría. En los 70 y los 80 era
normal afirmar que el universo tenía unos 15000 millones de
años de antigüedad, se trataba de una cifra casi
estándar, aceptada un tanto convencionalmente. Sin embargo,
en los 90 con la puesta en servicio de unos satélites como
Hipparcos2, o del telescopio
espacial Hubble se
intentó resolver el problema de la edad del universo. De
hecho, una de las razones principales por las que se
construyó el Hubble fue para poder
determinar de una
vez por todas el valor real de la constante de Hubble
(Ho), una constante fundamental para determinar
muchos de
los parámetros esenciales para nuestro conocimiento adecuado
del universo.
El satélite europeo Hipparcos fue
puesto
en órbita el 8 de agosto de 1989 por un cohete Ariane 4.
Estuvo en servicio hasta 1994. Los datos definitivos de la
misión estuvieron listos en 1996, justo el mismo
día
que se cumplía siete años del lanzamiento del
satélite. Se trataba de un verdadero mapa del universo en
tres dimensiones. Hipparcos midió el brillo y la distancia
de más de cien mil estrellas con una precisión
sin
precedentes hasta aquellas fechas. Gracias a ello se pudo
establecer que: “la edad de las estrellas más
viejas
ha rejuvenecido unos 4000 millones de años; la edad del
universo se estima ahora entre 10.000 y 20.000 millones de
años” 3.
Ya hemos dicho que encontrar el valor de Ho, la
citada constante de Hubble, es crucial para determinar nuestro
conocimiento sobre muchos aspectos del universo. Los especialistas
en el estudio de la evolución del universo necesitan
conocerla con total exactitud para poder determinar el destino del
universo. Los expertos en la formación de galaxias necesitan
saber su valor exacto para poder precisar cuánto tiempo
transcurrió desde el big bang hasta la formación
de
las primeras galaxias. Quienes se dedican a profundizar en la
teoría de la relatividad necesitan conocer su valor para
poder precisar si es necesaria o no la introducción de la
constante cosmológica. La
constante
cosmológica es una de las posibilidades más
factibles
para explicar la actual expansión acelerada del universo.
Dicha constante sería la representante de una fuerza de
repulsión antigravitatoria procedente de la
energía
del vacío cuántico y que haría que el
universo
se estuviera expandiendo actualmente de forma acelerada, en vez de
decelerar, tal como mandaría la lógica del
concepto
clásico de big bang. Volveremos sobre ella más
adelante.
Los estudios a partir de los datos
proporcionados por Hipparcos determinaban que la constante de
Hubble tenía un valor aproximado de 60 más-menos
(+/-) 10 km/s/Mpc. Es decir: que una galaxia se alejaría de
nosotros a una velocidad de 60 km por segundo por cada
megaparsec 4
de distancia al que se halle de nosotros. Lo que significa que: las
galaxias que se encuentran a 3’3 millones de años
luz
se alejarán a una velocidad de 60 km/s; en cambio, las que
se hallan a dos megaparsecs de la Tierra (o sea: a 6’6
millones de años luz) lo harán a 120 km/s, las
que
estén a tres megaparsecs lo harán a 180 km/s... y
así sucesivamente. Si el valor de Ho fuera realmente 60
km/s/Mpc entonces el universo tendría una
antigüedad
próxima a los 12.000 millones de años 5.
Estudios de Cefeidas 6
variables llevados a cabo por el telescopio
espacial Hubble permitieron determinar que la constante de Hubble
tenía un valor de 70 +/- 10 km/s/Mpc con lo que la edad
mínima del universo no podía ser inferior a los
12.000 millones de años, y, para sus valores superiores,
debería de rondar los 13.000 millones de años.
Estos
datos se hicieron oficiales durante el congreso anual de la
Sociedad Americana de Astronomía, celebrada la primera
semana de junio de 1999.
Sin embargo, los datos proporcionados por la
sonda WMAP son mucho más precisos... y tranquilizadores. En
efecto, según este satélite de la NASA la
antigüedad del universo debe de ser de 13.700 millones de
años, con un margen de error de tan sólo el 1%.
Son resultados tranquilizadores porque a
mediados de los 90 del siglo pasado se decía que
“las
recientes mediciones encaminadas a conocer la velocidad de la
expansión cósmica, la constante de Hubble,
sugieren
que el universo podría ser más joven de lo que se
pensaba. Algunas de las observaciones apuntan a que podría
no haber cumplido los 10.000 millones de años de
antigüedad, aunque en nuestra Vía Láctea
se han
visto estrellas que, según se cree, superan de lejos esa
edad. ¡Si son correctos tanto los datos de la constante de
Hubble como las edades de las estrellas se produce, pues, una
contradicción, un imposible! Si hay que admitir que las
galaxias elípticas cercanas a 3C234, con un corrimiento
hacia el rojo de 1’2, ya contaban con edades avanzadas, los
problemas se agudizan aún más” 7.
Como hemos visto, WMAP ha arrojado luz sobre el
valor de Ho, y sus datos parecen ganarse la confianza de los
científicos ya que “las mediciones (de las
pequeñas fluctuaciones de la radiación de fondo
cósmica de microondas realizada por) el satélite
WAMP, combinadas como otros análisis, han arrojado una Ho
muy similar a la del Key Project: el valor central, dentro de un
margen de error experimental, es 71” 8.
Una de las razones principales por la que se
construyó el Telescopio Espacial Hubble (TEH) fue la de
poder medir con mayor precisión Ho. El Key Project (o
Proyecto Clave) es uno de los programas del TEH encaminado a
conseguir este objetivo. Fue el mayor proyecto acometido por el
telescopio en su primer decenio de servicio y quedó acabado
en el 2001, tras ocho años de trabajo. El Key Project
combinó los resultados de diversos métodos de
medición de Ho y obtuvo “una media ponderada de
estos
valores [que] da un resultado para Ho de 72 +/- 8” 9.
4. La formación de las
primeras
estrellas y las primeras galaxias.
Durante décadas se pensó que
las
primeras estrellas se debieron de formar unos mil millones de
años después del big bang. Sin embargo, los datos
proporcionados por WMAP sugieren que se formaron muchísimo
más pronto, alrededor de unos 200 millones de
años
después de la gran explosión. Confirmando
así
lo que se venía sospechando recientemente, que
“según modelos cosmológicos, los
primeros
sistemas pequeños capaces de formar estrellas aparecieron
transcurridos de 100 millones a 250 millones de años desde
la gran explosión” 10.
La sonda WMAP no pudo observar directamente la
luz emitida por las primeras estrellas, sino que identificó
una señal polarizada que es una huella inequívoca
de
la energía liberada por las primeras estrellas del universo.
Por otra parte, el mapa del universo primigenio, cuando éste
contaba con tan sólo 380.000 años de existencia,
ofrecido por WMAP muestra que no es perfectamente homogéneo.
Si hubiera sido así hoy no existiríamos nosotros.
En
aquella época se daban unas pequeñas
fluctuaciones de
temperatura (conocidas como inhomogeneidades o
anisotropías de la
Radiación Cósmica de
Fondo o del Fondo Cósmico de Microondas; RCF o FCM
respectivamente) que indican la presencia de diminutos agregados de
materia que, con el paso del tiempo (unos doscientos millones de
años) darían lugar a las primeras estrellas y,
posteriormente, a las primeras galaxias, generando así las
inmensas macroestructuras galácticas que hoy componen
nuestro universo. Dichas estructuras, en la actualidad,
además de las estrellas y las galaxias, comprenden los
cúmulos de galaxias y los supercúmulos de
galaxias.
Por ejemplo: nuestro planeta, y la estrella en torno al cual gira,
se halla en la Vía Láctea, concretamente en el
exterior de un extremo de uno de sus brazos. Nuestra galaxia, a su
vez, pertenece al cúmulo de galaxias del Grupo Local,
formado por unas 30 galaxias. Por su parte, este cúmulo,
junto con otros, forman un supercúmulo de galaxias
denominado: Supercúmulo de Virgo. Al parecer, los
supercúmulos son las megaestructuras más grandes
que
permite el universo. Hasta ahora no se habían detectado
macroestructuras mayores que los supercúmulos de galaxias,
por ejemplo: cúmulos de supercúmulos de galaxias.
Ahora bien: ¿no los hemos detectado porque no hemos
desarrollado la tecnología o el aparato
matemático
para ello o porque no pueden existir? Desde estudios muy recientes,
sabemos que se trata de esto último; la
geometría, la
densidad y, en definitiva, los parámetros de nuestro
universo no lo permiten.
Ahora bien, ¿cómo supo WMAP
que
las estrellas se habían formado cinco veces antes de lo que
mayoritariamente se venía suponiendo? Porque “tras
la
emisión de la radiación de FCM, unos 380.000
años después de la gran explosión, la
mayoría de los fotones viajaron por el universo sin
dispersarse. Pero algunos sí fueron dispersados por
partículas cargadas, que polarizaron la radiación
a
lo largo de anchas franjas del cielo. Las observaciones de esta
polarización a gran escala realizadas por el
satélite
WMAP muestran que una fina niebla de gas ionizado dispersó
alrededor del 17 por ciento de los fotones del FCM unos cientos de
millones de años después de la gran
explosión.
Este porcentaje tan alto es quizás una de las mayores
sorpresas de los datos del WMAP. Se suponía que la
radiación de las primeras estrellas, de una masa y un brillo
muy grandes, ionizó la mayor parte del hidrógeno
y
del helio del universo. Este proceso se conoce como
reionización, porque devuelve el gas al estado de plasma en
que se encontraba antes de la emisión del FCM. Pero se
calculaba que ocurrió casi mil millones de años
después de la gran explosión; en tal caso,
sólo, se habría dispersado un 5 por ciento de los
fotones. Que WMAP haya observado un porcentaje mayor señala
que la reionización sucedió antes. Este
descubrimiento pone en un brete a los modelos de formación
de las primeras estrellas” 11.
Así, pues, el elevado porcentaje de
fotones que fueron reionizados (y dispersados) tras la
emisión de la radiación de fondo de microondas
indica
que las estrellas se formaron mucho más pronto de lo
imaginado hasta ahora. Por consiguiente, la datación de la
formación de las primeras estrellas es posible gracias a la
capacidad que tiene WMAP para hacer mediciones de la
polarización de la RCF. Como ya hemos dicho, los
cosmólogos pensaban que las primeras estrellas se
habían formado mucho más tarde y se explicaba
mediante modelos que incorporaban la materia oscura
caliente. Los nuevos datos aportados por WMAP hacen pensar
que
la materia oscura es fría
(CDM o Cool Dark
Matter).
5. Anisotropías e
inhomogeneidades de
la RCF.
Los cosmólogos calculan que el universo
se empezó a hacer transparente (es decir: que la materia y
la radiación se separaron) unos 300.000 años
después del big bang. El satélite WMAP ha podido
detectar las características de esa radiación
cuando
tenía 380.000 años. Por ello, las
imágenes
obtenidas por WMAP se corresponderían,
prácticamente,
con los primeros instantes del universo visible. Entonces ni
siquiera existían las estrellas. Lo que ha captado WMAP es
la célebre radiación cósmica de fondo
(la RCF)
predicha por la teoría del big bang; algo así
como el
eco de la gran explosión con la que, según el
paradigma vigente, empezó a existir el universo. WMAP fue
lanzado al espacio con la misión de conseguir
imágenes más detalladas de la RCF que las que
había obtenido COBE (Cosmic Background Explorer), un
satélite que en 1992 logró causar un gran revuelo
al
ofrecer imágenes de dicha radiación. La
resolución de los instrumentos transportados por COBE
lograron demostrar que existían ciertas inhomogeneidades
(irregularidades en la distribución de la materia y la
energía en el espacio que ocupaba entonces el universo
naciente) que podían dar cuenta de la formación
de
los supercúmulos de galaxias (las macroestructuras
más grandes que conocemos hasta la fecha). WMAP fue lanzado
al espacio con la tecnología apropiada para encontrar
inhomogeneidades o anisotropías que pudiesen explicar la
formación de los cúmulos galácticos
(los
elementos componentes de los supercúmulos
galácticos). WMAP ha logrado captar las imágenes
de
la RCF con mayor resolución y definición
obtenidas
hasta la fecha (lo que significa un nuevo espaldarazo a favor de la
teoría del big bang); mostrándonos que aunque la
RCF
es muy homogénea, por fortuna, no lo es absolutamente, ya
que existen pequeñas irregularidades en su
isotropía
o distribución de la materia-energía en el
espacio.

Distribución
de la radiación
cósmica de fondo en el universo según la sonda COBE.

Distribución
de la radiación
cósmica de fondo en el universo 380.000 años
después del Big Bang, según la sonda WMAP. Los
puntos más claros, que representan zonas donde la
radiación tenía más
energía, son las “semillas” de los
cúmulos y supercúmulos galácticos.
(Imagen: NASA/WMAP Science Team)
WMAP ha conseguido determinar que cuando el
universo tenía 380.000 años de
antigüedad,
había algunos lugares en los que la temperatura de la
radiación cósmica de fondo era de 2,7251 grados
Kelvin (es decir: poco más de 2’7º por
encima del
cero absoluto, cifrado en -273º Celsius o 0º
Kelvin); mientras que en otros lugares la radiación
presentaba una temperatura de 2’7249º K. Como puede
comprobarse se trata de una diferencia de millonésimas de
grado, pero es lo suficientemente grande como para poder determinar
la presencia de anisotropías o irregularidades de la
distribución espacial de la radiación
cósmica
de fondo. Gracias a estas inhomogeneidades hoy podemos estar
nosotros aquí viviendo nuestras vidas. Las zonas del
espaciotiempo con mayor temperatura serían, precisamente,
las semillas que darían lugar a las primeras estrellas. No
obstante, a gran escala, la radiación cósmica de
fondo presenta una gran homogeneidad, incluso en la infancia del
universo, algo que concuerda con la teoría del estado
inflacionario, postulada en los ochenta por Alan Guth y Andrei
Linde, según la cual inmediatamente después del
big
bang la aceleración con la que se expandía el
universo se incrementó súbitamente y
entró en
una fase de expansión acelerada, transcurrida la cual
volvió a entrar en una fase de expansión
“normal”.
La RCF es un residuo fósil de la gran
explosión con la que suponemos que se inició el
universo. Fue predicha teóricamente por George Gamow y la
descubrieron en la naturaleza en 1964, de un modo totalmente
casual, los ingenieros Arno Penzias y Robert Wilson. La RCF fue
fotografiada por primera vez en 1992 por el satélite
COBE.
Una millonésima de segundo
después
de la gran explosión se formaron las primeras
partículas y antipartículas materiales, que se
aniquilaban mutuamente. Sobre este aspecto, cabe comentar, aunque
muy someramente, pues su estudio detallado nos alejaría
demasiado del tema a tratar, que todavía sigue siendo un
auténtico misterio para los cosmólogos por
qué
existe materia en vez de antimateria en el universo; de hecho,
“la existencia de la materia es un capítulo
inacabado
de la teoría de la gran explosión del origen del
universo, que, por lo demás acierta a explicar casi todo lo
que observamos” 12. Pocos segundos
después la
temperatura descendió a unos tres mil millones de grados y
la energía de la radiación perdió la
capacidad
de crear pares de partículas de materia y de antimateria en
una cantidad significativa.
Ya dijimos que cuando un par homólogo
de
partículas de materia y antimateria se encuentran se
aniquilan mutuamente liberando energía. Dichos
aniquilamientos dejaron a los fotones (las partículas que
transportan la luz, también llamados cuantos de
interacción electromagnética) como las
partículas más numerosas; el universo estaba en
la
era de la radiación. Los
fotones, los neutrones y los
protones no dejaban de colisionar entre sí, al mismo tiempo
que el universo se expandía y se enfriaba. En
teoría
la materia y la antimateria deberían de haberse destruido
mutuamente, sin embargo algo de materia prevaleció sobre la
antimateria. La existencia de las inhomogeneidades es una buena
prueba de ello. Pero esto constituye, precisamente, uno de los
grandes interrogantes de la cosmología actual: explicar por
qué la materia se impuso a la antimateria 13.
Las Teorías de la
Gran Unificación (TGU; GUT’s en inglés:
Greatest Unification Theories) proponen que debió de
producirse una violación de la simetría
carga-paridad
(violación CP), dos propiedades cuasisimétricas
de
las partículas. Aún así, la pregunta
clave
sigue en pie: ¿Cómo pudo producirse dicha
violación CP?
Tres minutos después del big bang la
temperatura del universo, de su “sopa
cósmica”,
bajó hasta los mil millones de grados, la misma temperatura
que puede hallarse en el núcleo de muchas estrellas
actuales. En estas circunstancias las numerosas colisiones de
fotones con protones y neutrones ya no podían impedir que,
ocasionalmente estos últimos se uniesen formando los
núcleos de futuros átomos. Pero los fotones
todavía tenían la capacidad de evitar que los
electrones se unieran a los núcleos formados por protones y
neutrones, los llamados nucleones por ser las partículas que
forman los núcleos de los átomos. Sin embargo,
durante miles de años no se pudieron formar los
átomos porque la radiación dominaba sobre la
materia.
Ahora bien, unos 300.000 años
después del big bang, la temperatura había bajado
hasta los 3.000 grados. Mucho antes de esa fecha la temperatura
había bajado tanto que los fotones ya no podían
evitar la unión entre los electrones y los
núcleos
atómicos y se pudieron empezar a formar los primeros
átomos de hidrógeno, helio, deuterio, etc. Por
esas
fechas la materia y la radiación se separaron y
aquélla empezó a dominar la evolución
del
universo. Se dice que entonces éste se volvió
transparente, ya que los fotones podían desplazarse sin
colisionar con ninguna partícula de materia. Así,
a
partir de ese instante, la radiación ya no colisionaba con
la materia y empezó a viajar junto a ésta a lo
largo
de la evolución del universo. De modo que, la
radiación cósmica de fondo no es otra cosa que
los
fotones que quedaron libres para desplazarse por el universo a
partir de unos 300.000 años después de la gran
explosión, y que hoy captamos con satélites como
WAMP, COBE o BOOMERANG y MAXIMA, en su momento, y dentro de muy
pocos años con la sonda europea Planck.
6. La materia y la energía
oscura.
Los datos confirmados por WMAP parecen confirmar
que el universo está formado por un 4% de materia
bariónica ordinaria (los átomos y las
partículas subatómicas que forman los cuerpos
naturales tales como las estrellas o los seres humanos); un 23% de
materia oscura (fría y
caliente, aunque ésta
última está perdiendo protagonismo en la
cosmología actual dejando el terreno despejado para la
materia oscura fría o Cool
Dark Matter, CDM),
una entidad que no se sabe exactamente qué es, aunque se
supone que debe de estar formada por elementos pesados de materia
bariónica como los MACHOS (del inglés: massive
astrophysical compact halo objects; en castellano: OHCM, es decir,
objetos de halo compacto masivo), tales como agujeros negros o
enanas marrones; o partículas exóticas como los
neutrinos, los hipotéticos axiones, los photinos o los
célbres WIMPs (acrónimo inglés
procedente de
las palabras: weakly interacting massive
particle, es decir: partículas masivas de
interacción
débil). El 73% restante lo debe de componer una forma
exótica de energía: la energía
oscura14,
una
misteriosa energía del vacío asociada al
espaciotiempo, considerada como una de sus propiedades, con la
cualidad de dilatarlo o expandirlo haciendo que las galaxias se
alejen unas de otras, tal como lo harían una serie de puntos
dibujados en la superficie de un globo a medida que éste se
fuera hinchando. Según esto, la velocidad de escape de las
galaxias superaría a la de recesión fruto de la
atracción gravitatoria, de modo que la expansión
del
universo sería indefinida; acabando su existencia en una
muerte térmica. El universo se enfriaría
irremisiblemente. El espacio se iría expandiendo
más
y más y el universo se convertiría en un lugar
frío y oscuro.
No obstante se ha de
confirmar que la cantidad de materia existente en el universo no
supere una cierta densidad
crítica de masa que
haría que la expansión se detuviera y se iniciara
un
proceso de implosión. Esto último, pese a que no
es
lo que actualmente se cree que sucederá, ya que la
energía de repulsión es positiva, o sea existe y
actúa, no puede descartarse definitivamente hasta que no
sepamos cuál es el papel exacto que juega la materia oscura,
pues aún no sabemos en qué consiste, ni
cuáles
son sus propiedades físicas. Cuando sepamos
cuáles
son las propiedades y cómo es el comportamiento de la
materia oscura podremos predecir mejor la evolución del
universo. Lo mismo cabe decir de la energía oscura que, al
parecer, le está ganando claramente la partida a la
gravedad, expandiendo al universo de una forma
indefinida.
7. Planck. El
satélite de tercera generación.
Si COBE fue el primer gran
paso en el estudio y medición de las fluctuaciones del Fondo
Cósmico de Microondas y WMAP es el presente, la sonda Planck
de la Agencia Espacial Europea es el futuro más inmediato.
Se trata de una misión programada por la Agencia Espacial
Europea (ESA) desde hace varios años y que será
lanzada al espacio en el 2007, si no se produce ningún
retraso. La finalidad principal de esta misión es hacer un
mapa de las fluctuaciones de temperatura de la Radiación de
Fondo de Microondas en todo el cielo.
El satélite Planck
es el fruto de la combinación de dos proyectos: SAMBA
(Satellite for Measurament of Background Anisotropies) y COBRAS
(Cosmic Backgroun Radiation Anisotropy Satellite). Tras ser
seleccionados ambos proyectos se unieron en uno solo denominado
Planck en honor del famoso científico alemán que
puso
los fundamentos teóricos de la mecánica
cuántica y del estudio de la radiación de un
cuerpo
negro. El Fondo Cósmico de Microondas emite
radiación
con las características propias de un cuerpo negro.
Sí se compara la gráfica de emisión de
la
radiación del FCM y de la que la teoría predice
para
un cuerpo negro coinciden plenamente, algo que avala la
hipótesis del big bang, ya que esta teoría
predice la
existencia de ese tipo de radiación de
microondas.
La sonda Planck se
enviará al espacio para realizar mediciones de la
Radiación Cósmica de Fondo aún
más
precisas que las que ha hecho WMAP. Planck tiene un rango de
frecuencia más amplio que WMAP, así como una
percepción angular (una capacidad para determinar
imágenes) superior, de modo que las mediciones de Planck han
de superar con creces las de WMAP. Si no se produce ningún
fallo, la información de Planck sobre el universo en su
infancia, cuando la radiación se separó de la
materia, la medición de la temperatura de la
Radiación Cósmica de Fondo, el estudio de la
formación de las primeras estructuras, la posible
geometría del universo, y otras cuestiones, ha de ser mucho
más completa y precisa que la brindada hasta ahora por
ninguna otra sonda, incluida WMAP.
El proyecto Planck se
aceptó justo un par de semanas después que la
NASA
aprobara el proyecto WMAP. Pudiera parecer que se trataba de
establecer una fuerte competencia entre las dos agencias, pero no
fue así. Planck es un proyecto mucho más
ambicioso y
caro que WMAP. Es un proyecto más potente; de hecho, una de
las razones por las que la NASA seleccionó a WMAP fue por su
sencillez e inmediatez, es decir: por su simplicidad y rapidez en
su puesta en marcha. Era una misión barata y de
rápida ejecución. Aunque sufrió varios
retrasos se ejecutó con bastante rapidez; Planck, por su
parte, ha tardado mucho más en ir concretándose
por
ser una misión mucho más complicada con muchos
problemas tecnológicos que se han tenido que ir superando
progresivamente. Un ejemplo de estas dificultades las representan
la refrigeración activa de los detectores del instrumental
científico que transporta la nave. Estos detectores, al ser
extremadamente sensibles necesitan actuar a temperaturas mucho
más bajas que los de WMAP. De hecho, la complejidad de la
misión Planck se puede calibrar también por el
tiempo
que se lleva trabajando en su preparación: se
empezó
a pensar en ella a principios de los noventa.
Otra diferencia
fundamental entre WMAP y Planck es que aquél proyecto
necesita utilizar datos de otros experimentos para poder obtener
información cosmológica importante, algo que
genera
cierta incertidumbre, ya que son experimentos realizados en otros
contextos, con otras frecuencias, y se debe hacer una
extrapolación de sus resultados. En cambio, Planck
está concebido de tal manera que, por sí
sólo
pueda obtener la información que se está buscando
con
este experimento, de modo que no se tengan que hacer
extrapolaciones a partir de otros datos. Ambos proyectos no son,
pues, comparables, excepto en el objeto de investigación: La
Radiación Cósmica de Fondo.
Más allá de
Planck la Agencia Espacial Europea ya está preparando las
nuevas misiones. De momento únicamente están en
la
fase inicial de diseño ya que la programación en
firme de la ESA llega sólo hasta el 2010. La
década
siguiente se está empezando a planificar ahora y de momento
se hallan en una fase muy embrionaria. En la NASA sucede algo
similar. Allí están preparando los Einstein
probes (las sondas Einstein):
son proyectos a largo plazo enmarcados dentro de un mismo programa.
Una de estas sondas tiene como misión estudiar la
Radiación de Fondo de Microondas, concretamente su
polarización. Se espera que aporte información
interesante relacionada con la posible inflación que pudo
haber sufrido el universo poco después del big bang. La
sonda Planck también va a medir la polarización
de la
RCF, pero se ignora a qué nivel lo realizará,
aunque
se es optimista y se cree que lo hará a fondo. Sin embargo
la ESA también está interesada en hacer una
misión específica para determinar la
polarización de la RCF; aunque, de momento, se trata
sólo de ideas que no se han concretado. Desde luego, las
restricciones presupuestarias que sufren las agencias espaciales
podría llevarles a colaborar en una misión
conjunta
en este campo.
8. Cosmología e
ideología.
Desde un punto de vista
ideológico tiene interés advertir que no deja de
haber quienes intentan resucitar la vieja teoría del big
crunch, según la cual el universo no necesitaría
de
un Creador ya que sería eterno, puesto que
estaría en
un continuo proceso de expansión e implosión.
Resurrección que, eso sí, incorporaría
los
nuevos descubrimientos relativos a la materia oscura y a la
energía oscura, así como a la última
versión de la teoría de la inflación.
En esta
línea va la propuesta de Paul J. Steinhardt, de la
Universidad de Princeton, y Neil Turok, de la Universidad de
Cambridge, quienes en su trabajo: A
Cyclic Model of the Universe15, afirman que
el tiempo no tiene ni comienzo ni final, sino una serie infinita de
bucles de expansión y contracción.
Pese a los grandes logros que se están
consiguiendo en el campo de la cosmología,
todavía no
sabemos cómo fue exactamente el origen del universo.
Además, la física de los primeros instantes de
existencia de la materia y la energía nos permanecen
desconocidos. Todavía no se ha logrado una teoría
de
la gravedad cuántica (que nos explicaría lo
sucedido
entre t=0 y el tiempo de Planck, t=10 elevado a -43 segundos)
que resulte lo suficientemente convincente como para conseguir un
mínimo de consenso entre la comunidad científica.
Sirvan de ejemplo, a este respecto, las palabras del célebre
cosmólogo Martín Rees: “Es preciso
distinguir
entre lo que ocurrió en los primeros instantes del primer
segundo del universo y el resto de la evolución
cósmica. Los datos de que disponemos permiten describir la
historia del universo desde el segundo uno hasta el presente (...)
En el curso del primer segundo, en cambio, las leyes de la
física actualmente vigentes pierden sentido, las
hipótesis dejan de ser verificables y entramos en el terreno
de la especulación (...) No tenemos pruebas de lo que pudo
haber ocurrido en los primeros instantes del segundo uno. La
hipótesis de la explosión inicial -es decir de
un instante cero de energía infinita- es una
extrapolación de las leyes de la física a una
situación en que estas leyes dejan de ser aplicables. Por
ello, es perfectamente probable que la extrapolación sea
incorrecta y que el big bang nunca haya ocurrido” 16.
Notas
(1)
“El cálculo de la velocidad de
expansión
del universo (expresada por la constante de Hubble) ha puesto en
dificultades más de una vez a los cosmólogos.
¡Ha sugerido que el universo es más joven que
algunas
estrellas de nuestra galaxia!” (Joseph Silk: Nacimiento
e
historia del universo; en Mundo Científico: El
nacimiento del cosmos; p. 9).
(2)
Llamado así en honor del célebre
astrónomo
griego que, junto con Apolonio, propuso, entre el siglo III y II
antes de Cristo, el sistema de epiciclos y esferas
excéntricas que, posteriormente, tanto popularizó
Claudio Ptolomeo, con la finalidad de sustituir el sistema de
esferas homocéntricas. Grosso modo, el modelo
astronómico de estos personajes duró hasta la
revolución copernicana del S. XVI.... ¡Casi
dieciocho
siglos!.
(3)
Michel Froeschlé: Hipparcos retoca la edad del
universo; Mundo Científico, nº 182,
septiembre de
1997; p. 716.
(4)
Un
megapársec equivale a una distancia de un millón
de
parsecs, es decir: de 3’3 millones de años luz. Un
kilopársec equivale a mil parsecs, o sea: 3’3 mil
años luz. De modo que un pársec serán
3’3 años luz.
(5)
Cf.
Guilles Theureau: El universo desvela finalmente su edad;
Mundo Científico Extra: El nacimiento del cosmos,
pp.
70-74.
(6)
Las
Cefeidas son estrellas de luminosidad variable. Como existe una
relación entre su luminosidad absoluta y su
período,
midiendo el período de una Cefeida y su brillo aparente se
puede determinar su distancia.
(7)
F.
Ducci Macchetto y Mark Dickinson: Las galaxias del universo
joven; Investigación y Ciencia, julio de 1997, p.
56.
(8)
Wendy
Freedman: La constante de Hubble y el universo en
expansión; Investigación y Ciencia,
junio de
2004, nº 333, p 45.
(9)
Ibidem, p. 42.
(10)
Richard B. Larson y Volker Bromm: Estrellas primigenias;
Investigación y Ciencia, febrero de 2002, p. 52.
(11)
Wayne Hu y Martín White: La sinfonía
cósmica; Investigación y Ciencia,
nº 331,
abril de 2004, p. 48.
(12)
James M. Cline: El origen de la materia;
Investigación y Ciencia, nº 345, junio de 2005, p.
48.
El autor de este artículo añade que:
“Para un
cosmólogo, la existencia de materia es desconcertante, un
problema que no ha encontrado solución desde que la
física teórica hubo de planteárselo
hace casi
cuarenta años”. Ibidem.
(13)
Cf. Helen R. Quin y Michael S. Witherell: Asimetría
entre materia y antimateria; Investigación y
Ciencia,
nº 267, diciembre de 1998; pp. 42-47.
(14)
Cf. Carlos A. Marmelada: El misterio de la energía
oscura; Aceprensa Servicio 101/04, 21 de julio de
2004.
(15)
Science, Vol. 296, pp. 1436-1439; 24 de mayo 2002.
(16)
La
Vanguardia, entrevista a Martín Ree; suplemento de Ciencia y
Tecnología, sábado 7 de noviembre de 1992, p.
11.
Bibliografía
- Aceprensa, servicios 79/95 (Mariano
Artigas,
“Georges Lemaître, el
padre del Big Bang”), 154/00 (Carlos A.
Marmelada, “Teorías sobre el
Big Bang, con Dios al fondo”) y 103/01 (Carlos A.
Marmelada, “¿Qué
había antes del Big Bang?”). Estos servicio
están
disponibles en el CD-ROM de Aceprensa.
- Hay amplia
información divulgativa sobre los
temas tratados en este artículo en un número
monográfico de IAC Noticias (especial 2002), revista del
Instituto de Astrofísica de Canarias, titulado
“Materia oscura y energía oscura en el
Universo”. Se puede acceder a él desde la página del Instituto de
Astrofísica de
Canarias (documento PDF,
1.540 Kb).
- Sobre la RCF:
J.L. Sanz y E.
Martínez-González,
“Radiación cósmica de fondo de
microondas”, Investigación y Ciencia (abril 1993).
La revista, edición española de Scientific
American, se puede obtener, previo pago, en la
página de Investigacion y ciencia.
- Sobre la
formación de las primeras estrellas se
pueden consultar los trabajos: Ron Cowen, “Cazadores de
galaxias. En busca del amanecer cósmico”, National
Geographic (febrero 2003); Richard B. Larson y Volker Bromm,
“Estrellas primigenias”, Investigación y
Ciencia (febrero 2002).
- Sobre la materia
oscura: Mordehai Milgrom,
“¿Existe realmente la materia oscura?”,
Investigación y Ciencia (octubre 2002).
- Sobre la energía oscura: Lawrence M.
Krauss:
“Antigravedad cosmológica”,
Investigación y Ciencia (marzo 1999).
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