Tradición y descubrimiento en la epistemología de Michael Polanyi
Francisco Gallardo
Publicado en: Tradición y descubrimiento en la
epistemología de Michael Polanyi, en Ildefonso Murillo
(ed.), Actualidad de la Tradición
Filosófica, Ediciones Diálogo
Filosófico, Colmenar Viejo (Madrid) 2010, pp. 843-850.
Tradition and discovery es el título de una
revista que se viene publicando desde 1974, dedicada al estudio
del pensamiento de Michael Polanyi (1891-1976), un
científico y epistemólogo de origen húngaro
que desarrolló una brillante carrera científica,
primero en el Kaiser Wilhelm Institut1,
en Berlín, adonde se trasladó en 1919, y a partir
de 1933 en Manchester. Destacó en diversas ramas de la
química, como la cinética de reacciones y el
estudio de los cristales a través de los rayos X. Como
nota anecdótica, su carrera científica inicial fue
la medicina, que realizó en Budapest, pero sólo la
ejerció durante la Primera Guerra Mundial, en la que
participó como oficial médico del ejército
austrohúngaro.
De modo paulatino a su actividad científica fue
ampliando sus campos de interés: se ocupó de temas
de economía y sociedad en relación con la ciencia,
entre los cuales destacó el tema del papel de la
tradición dentro de la comunidad científica. Su
reflexión sobre estas temáticas le llevó a
terminar por dejar la ciencia en pro de una mayor
profundización en cuestiones concernientes a la
epistemología y filosofía de la ciencia, en las
que, según él, había que encontrar la
solución a los problemas planteados. En su obra principal,
cuya primera edición es de 1958, lleva por título
Personal Knowledge2, desarrolló una
original “teoría del conocimiento personal”
–pocos años después optaría por la
expresión “conocimiento tácito”–,
con la que subrayó el papel importante que
desempeñan en el conocimiento ciertos aspectos
tácitos, que no pueden explicitarse, pero que a su vez
forman parte constitutiva del proceso cognoscitivo.
Desde la perspectiva de Polanyi, una determinada
tradición está a la base de ese conjunto de
aspectos tácitos que permiten el avance del conocimiento:
al contrario de lo que podría parecer a primera vista, el
ejercicio de la autoridad desde una tradición
podría impedir dicho avance. Es precisamente lo que viene
a afirmar Bertrand Russell: «Los triunfos de la ciencia son
debidos a la sustitución de la tradición por la
observación y la inferencia. Todo intento de restablecer
la autoridad en el campo intelectual es un paso
atrás»3. Polanyi cita esta
afirmación de Russell en un artículo de 1963 que
contiene algunas reflexiones suyas en torno a una teoría
de la adsorción que elaboró él mismo al
inicio de su carrera científica, y que pasó por
diversos avatares, algunos de ellos relacionados precisamente con
el ejercicio de la autoridad en la ciencia. En ese
artículo concluye que, sin minusvalorar el peligro que
puede conllevar una tradición que se impone de modo
totalitario, todo avance científico necesita de una
tradición que lo sustente4.
Autoridad y libertad en la actividad científica
Ya desde su juventud, Michael Polanyi se interesó por
cuestiones sociales en el ámbito de la ciencia. Durante
sus años de estudiante de medicina en Budapest fue
cofundador de una sociedad, llamada “Círculo
Galileo” (Galilei Kör), de la que su hermano
Karl5 fue presidente, que se
propuso como fin la defensa y propagación de una ciencia
sin prejuicios. Distanciándose de los fines de esa
sociedad, pues sus colegas consideraban la investigación
científica como un arma en la batalla de reformas
socio-políticas, Polanyi promovió posteriormente en
Berlín unos seminarios de economía que culminaron
en 1935 con la publicación de un pequeño libro,
U.S.S.R. Economics6, sobre la
economía en la Unión Soviética, en el que
critica la planificación estatal de la economía y
de la ciencia, así como el régimen totalitario. La
idea de trasladar al ámbito científico la propuesta
de planificación estatal de la economía tuvo eco en
Inglaterra, a través de John D. Bernal, Lancelot Hogben y
otros7. Estos
científicos presentaron, sin duda, motivos de peso, como
la necesidad de afrontar el extraordinario desarrollo alcanzado
por la ciencia y las aplicaciones a la industria y a fines
militares. No obstante, los principios inspiradores de su
doctrina tenían raíces marxistas8, a
lo que Polanyi no dejó de oponerse desde el principio,
como así consta en algunas de sus obras publicadas a
partir de años 30 en las que abordó el tema de la
organización de la actividad científica, de las que
destacan The Contempt of Freedom9,
Science, Faith and Society10y The Logic of
Liberty11.
La oposición de Polanyi a estos planes de
centralización total no debe interpretarse como la
propuesta de una anarquía total en el ámbito de la
comunidad científica. Pero en realidad no rechaza
cualquier tipo de coordinación entre los
científicos, sino más bien la organización
totalmente centralizada. Es muy elocuente la metáfora
“república de la ciencia” con la que titula un
artículo publicado en 196212: mediante esta
metáfora, Polanyi quiere subrayar que considera la ciencia
como una actividad ejercida por la comunidad de los
científicos en modo tal que se asemeja en ciertos aspectos
a una organización política, y trabaja según
principios económicos similares a quienes regulan la
producción de los bienes materiales13. De manera
análoga a como la sociedad civil resulta de la
unión de individuos con vistas a conseguir ciertos fines
–en definitiva, el bien común–, la
“república de la ciencia” se constituye como
una comunidad que se propone alcanzar como fin el satisfacer sus
deseos de conocer la naturaleza.
Polanyi insiste en que debe existir una coordinación de
fuerzas entre los científicos para favorecer el desarrollo
de la ciencia, aunando esfuerzos. Pero tal coordinación se
ha de realizar mediante mutuo ajuste de iniciativas
independientes y coordinadas, porque cada una tiene en cuenta las
demás iniciativas presentes en el ámbito del mismo
sistema. Resulta conveniente la ayuda mutua entre personas que
trabajan en regiones limítrofes y, por el contrario, si
existiera una centralización total retardaría la
solución, al coartar la iniciativa de los individuos.
En la coordinación entre los científicos, cada
uno de ellos ha de considerar y juzgar los resultados a que han
llegado los demás, lo que Polanyi designa como el
principio del “control recíproco”. Dicho
principio consiste en el hecho de que los científicos se
observan entre sí, de manera que cada uno está
sujeto a cierta autoridad, ejercida mediante la crítica,
tanto positiva como negativa, por parte de los demás.
Así como una comunidad política necesita una fuerza
que la aglutine, es decir, una autoridad, del mismo modo la
comunidad de científicos requiere una organización
sustentada por una autoridad. Ésta es la manera en que la
opinión científica se forma, ya sea mediante el
refuerzo de las conclusiones a las que llega la ciencia o a
través de la regulación de la distribución
de las posibilidades profesionales y las subvenciones de
investigación14. Así, los
científicos de campos diversos se dan su mutua confianza y
se sostienen entre sí, al transmitirse un conjunto de
conocimientos, mediante los que ejercen entre sí una
autoridad relativa, no absoluta. Por el contrario, una autoridad
única y central no está en condiciones de decidir
sobre el futuro de la ciencia15.
Polanyi considera que los conocimientos alcanzados por la
ciencia se transmiten de manera análoga a las tradiciones
relativas al saber popular, mediante un acto de confianza del
discípulo respecto al maestro, como sucede en el
desarrollo de las capacidades artísticas, transmitidas de
maestro a alumno. En estos casos, el maestro confía de
alguna manera en la capacidad que tiene su alumno de asimilar
siguiendo su ejemplo, sin que le tenga que dar explicaciones
detalladas de todo; y el alumno confía en el maestro y no
espera una exhaustiva demostración de cada una de las
enseñanzas que recibe16.
En conjunto, esta explicación de la transmisión
de la ciencia quizá podría considerarse
utópica. Así lo han considerado algunos autores,
como por ejemplo Agassi, para quien Polanyi se inspira en un
modelo de sociedad medieval, basada en gremios, donde los
conocimientos se trasmiten siguiendo una estructura muy
elemental, de maestro a aprendiz17. De todos modos,
Polanyi matiza al afirmar que «la relación entre
maestro y discípulo es tan sólo un ejemplo y una
faceta de un conjunto más amplio de instituciones que se
encargan de la confianza y disciplina mutuas entre los
científicos, por la cual se ordena la práctica del
descubrimiento y se fomentan y desarrollan los principios de la
ciencia»18. En cualquier caso, la
imagen del maestro-aprendiz para ilustrar la influencia de la
tradición, sin tener por qué aplicarla en su
literalidad, es una pauta útil a la que también
otros autores, como MacIntyre, le ha sacado partido19. Todo ello, teniendo
presente que la organización que la ciencia requiere
actualmente no se reduce a una simple coordinación de
iniciativas independientes: son necesarias fuertes inversiones
para poner en marcha algunos proyectos, como por ejemplo grandes
aceleradores de partículas, o instalaciones hospitalarias
con técnicas avanzadas.
Fe en la tradición recibida y conocimiento de la
realidad
Al extremo opuesto del autoritarismo de raíces
marxistas, ya considerado, está la actitud de rechazo a
toda tradición constituida en autoridad. Esto
último es precisamente lo que propone la duda
metódica cartesiana, a la que Polanyi alude haciendo
referencia a la imposibilidad de llevarla a cabo de un modo
congruente20. Lo cual no excluye el
hecho de que Descartes inaugurara una nueva tradición de
corte racionalista, que condujo al idealismo crítico
kantiano y posteriormente al idealismo absoluto, a la que Polanyi
se opuso, proponiendo como alternativa una
“filosofía post-crítica”,
expresión que incluyó en el subtítulo de
Personal Knowledge.
Para llevar a cabo este proyecto, Polanyi opta por retomar
algunos elementos de la tradición filosófica
medieval, inspirándose en san Agustín,
particularmente en sus obras Contra Academicos y De
Magistro. En esta última, se acentúa la
importancia de ejercitarse en la subordinación a una
autoridad como requisito previo de un aprendizaje
verdadero21, doctrina que se halla
expresada en Personal Knowledge22. Es ésta una
práctica común en la ciencia: «nadie puede
convertirse en científico a menos que suponga que la
teoría y el método científicos son
fundamentalmente ciertos y que sus principios últimos
pueden ser aceptados sin discusión. Tenemos aquí un
ejemplo del proceso descrito de una manera epigramática
por los Padres de la Iglesia en las palabras: fides quaerens
intellectum, fe que quiere entender»23. Y en Contra
Academicos, Polanyi encontró argumentos contra las
posiciones relativistas, haciendo notar que el hombre puede
alcanzar verdades seguras, estando la fe a la base de esas
verdades24.
Esta perspectiva, al menos a primera vista, puede plantear
algunas dificultades: ¿no cabe el riesgo de incurrir en un
subjetivismo? Desde luego, se trata del planteamiento opuesto al
del positivismo, que era la corriente dominante en la primera
mitad del siglo xx, y podría considerarse, al menos en
parte, heredera del criticismo anteriormente mencionado. En
particular, el movimiento filosófico surgido alrededor del
Círculo de Viena pretendió dar una
interpretación lógica y científica del
mundo. Considera que el conocimiento se reduce a la
recolección de los datos de observación y a la
elaboración de construcciones lógicas, con el
objetivo de dotar a la ciencia de un criterio explícito
que permitiera dar respuesta a la cuestión de la validez
de las teorías. Éste es el “principio de
verificación empírica”, según el cual
se admiten como proposiciones válidas del lenguaje
científico aquellas que se pueden verificar
empíricamente; las que no pueden verificarse son
declaradas proposiciones sin sentido25.
Polanyi reaccionó contra este punto de vista. Su
crítica al positivismo, avalada por un dilatado ejercicio
de la actividad científica, se centra básicamente
en la imposibilidad de describir el desarrollo de la ciencia
mediante factores exclusivamente lógicos. Para él,
desempeñan un papel fundamental en el conocimiento
científico otros elementos extra-lógicos, que no se
pueden explicitar, a los que denomina “factores
tácitos”. Así, el progreso de la ciencia no
está determinado por unos criterios estrictamente
lógicos, sino más bien por ciertos indicadores que
permiten juzgar las contribuciones de los
científicos26. Pero afirmar esto no
implica considerar que la ciencia sea arbitraria, pues se rige
por unos patrones rigurosos, esbozados en el apartado anterior,
relacionados con la confianza –fe– en los colegas y
predecesores en el ejercicio la ciencia de que se trate.
Precisamente esta idea es la que Polanyi ilustra con la
expresión “conocimiento personal”: se trata de
una componente no explicitable, que permite conocer con
objetividad, lejos de caer en un subjetivismo arbitrario27.
En este contexto se entiende una afirmación de Polanyi
que a primera vista puede resultar bastante sorprendente, sobre
todo si tenemos presente que procede de un científico: al
referirse a la ciencia, afirma que es «un sistema de
creencias con las que estamos comprometidos»28. Con esta frase,
Polanyi no se refiere a la ciencia considerada en su conjunto. Si
se interpretara de esta manera, se llegaría a la
conclusión de que suscribe una especie de fideísmo
o de creencia ciega en una serie de principios, lo que resulta
bastante inverosímil en un hombre de ciencia. Más
bien resalta el papel importante que ejerce la tradición
en la que hemos sido formados, que nos proporciona una serie de
principios recibidos sin requerir demostración. Incluso
Polanyi subraya que esas creencias son asumidas no de una manera
distante, sino a través de un compromiso por el que las
hacemos propias. Ese compromiso posee una componente emocional,
se ejerce apasionadamente, lo cual no implica que sea
irracional29. Esta pasión se
puede ilustrar con la emblemática exclamación
“eureka” puesta en boca del científico que
acaba de descubrir una nueva ley, de la que está
plenamente cierto.
La componente tácita de la tradición
Desde la perspectiva polanyiana, es clave la idea de que
«podemos saber más de lo que podemos
expresar»30. Esto no expresa una
limitación, antes bien al contrario: un intento de
explicitar hasta el último detalle aquello que permanece
tácito sería un “análisis
destructivo”, como le sucedería a un pianista si, al
interpretar una melodía, en lugar de concentrarse en la
música, lo hiciera sobre el movimiento de los dedos: muy
probablemente será incapaz de continuar. Este
análisis tendría, por tanto, un carácter
destructivo31. De hecho, la ciencia
está sustentada por unos fundamentos sólidos, unos
presupuestos sin los que no podría desarrollarse, que
Polanyi denomina “premisas de la ciencia”. Entre ese
conjunto de principios que constituyen la tradición
recibida de nuestros antepasados se encuentra la certeza de que
todo lo que sucede en el mundo tiene una explicación
racional: se trata, en el fondo, de los principios de no
contradicción y de causalidad.
Las premisas de la ciencia en gran medida constituyen una
componente tácita, lo cual no implica que no se deban
analizar32. Para Polanyi, esas
premisas no se obtienen directamente de la experiencia por
inducción, mediante determinadas reglas fijadas de
antemano, sino que vienen a ser como un presentimiento sobre lo
que está a la base de la experiencia que nos
circunda33. Distingue dos clases
de premisas: por una parte, supuestos generales acerca de la
naturaleza de la experiencia cotidiana; y por otra, supuestos
particulares sobre los que se apoya el proceso del descubrimiento
científico y su comprobación34. Los supuestos
generales hacen referencia principalmente a la visión
racional de la naturaleza, por la que se acepta que todo efecto
tiene su causa. A esta visión Polanyi la llama
interpretación “naturalista”, contrapuesta a
una interpretación “mágica” que explica
todo fenómeno al margen de la racionalidad35. Así, sin
excluir el que otras cosmovisiones puedan tener consistencia
interna36, considera que la
visión “naturalista” se ha de aceptar como
más positiva porque proporciona una visión
más acertada del orden natural. En efecto, si no
confiáramos en que podemos encontrar respuestas razonables
a los hechos de experiencia, entonces la ciencia no
tendría sentido.
Esos presupuestos del conocimiento constituyen una
tradición cultural no escrita, no explicitada, que
además no se impone, pues son conocimientos que al
adquirirlos los hacemos propios, o los rechazamos como falsos. De
alguna manera los vamos descubriendo mediante nuestros propios
hábitos intelectuales37. El hecho de subrayar
la importancia del papel de los conocimientos recibidos por
tradición no quiere decir que la persona elija
caprichosamente un conjunto de conocimientos “a la
carta”, pues detrás de esa elección subyace
una convicción de que se alcanza un conocimiento
verdadero, válido para todos.
La tradición como catalizadora de descubrimientos
En el proceso de los descubrimientos influye de manera
determinante la preconcepción que el hombre posee de la
naturaleza. Detrás de esta consideración se
trasluce el papel que Polanyi otorga a la tradición: no se
puede separar la tarea de investigación de un
científico de la visión de la realidad que ha
recibido. Esto mismo se puede expresar con la noción
kuhniana de paradigma, pues no en vano es un lugar común
considerar que la concepción de ciencia de Polanyi es
similar a la de Kuhn38. De todos modos,
Polanyi difiere de Kuhn principalmente al considerar que
sí hay progreso en la ciencia, y se trata de un progresivo
acercamiento a la verdad.
A este respecto, al inicio de Personal Knowledge
Polanyi señala algunas claves interpretativas que
contribuyen a dar luz en particular sobre aquellos factores, en
relación con la visión previa de la realidad, que
hicieron posible el avance de la ciencia experimental.
Remontándose al pensamiento griego, señala que en
los comienzos de la ciencia experimental se suceden dos visiones
diferentes de la naturaleza. La primera de ellas, la escuela
pitagórica, describe la naturaleza en términos de
relaciones matemáticas. Esta tradición considera
que en los números está la última
razón de las cosas. Así, según Polanyi, la
concepción de la astronomía de Copérnico
encuentra su inspiración en la tradición
pitagórica. Todavía de una manera más clara,
Kepler se basa en esa tradición, por su interés en
la búsqueda de relaciones que dan cuenta del movimiento de
los planetas39.
Además de la tradición pitagórica,
Polanyi considera que la ciencia en la Edad Moderna se ve
influida progresivamente por la tradición jónica, y
en particular a Tales de Mileto. Esta escuela describe el
universo en términos de ciertos elementos materiales, y en
este sentido se dice posee una concepción de la naturaleza
de tipo materialista o atomista. Así, las relaciones
matemáticas con las que Copérnico y Kepler
describían los movimientos de los planetas pasaban a ser
expresiones de leyes mecánicas a las que están
sometidas las partículas. Siguiendo la descripción
llevada a cabo por Polanyi, esta concepción de
carácter mecanicista perduraría hasta inicios del
siglo xx40. En la ciencia
moderna, el paso de la tradición pitagórica a la
jónica se produjo de un modo paulatino, ya que –como
señala Polanyi–, la tradición
pitagórica influyó durante un siglo después
de Copérnico. Por ejemplo, en Galileo se constata
cómo aún permanece parcialmente dicha
tradición, en lo relativo al estudio de la dinámica
celeste: éste considera que los cuerpos celestes, a
diferencia de los terrestres, deben seguir un movimiento
perfecto, es decir, circular41.
Aun Polanyi habla de una tercera etapa, cuyo comienzo tiene
lugar en el siglo xx. En esta etapa predomina una visión
de la naturaleza no basada ya en la descripción de la
evolución mecánica de un sistema de
partículas. Los sistemas físicos pasan ahora a ser
descritos en términos de invariantes matemáticos,
tal como se lleva a cabo en la mecánica relativista y en
la mecánica cuántica42. Para Polanyi,
esta etapa supone en cierta manera una vuelta a la perspectiva
pitagórica, aunque con un enfoque distinto, por su intento
de describir la naturaleza de una manera racional recurriendo a
las relaciones matemáticas. Por este motivo, para
él los cambios introducidos por la física el siglo
xx no han supuesto un cambio esencial en la concepción
racional de la realidad.
Al margen de que se consideren más o menos acertadas
estas consideraciones –habría que introducir las
ampliaciones y matizaciones pertinentes, lo cual está
fuera del alcance de esta exposición, por fuerza
breve–, lo que deseamos hacer notar aquí es la
influencia decisiva de la tradición de cara al avance de
la ciencia, lo que Polanyi ha destacado de un modo muy sugerente
a lo largo de toda su trayectoria intelectual.
Notas
(1) Se trata
de la prestigiosa institución académica que
después de la Segunda Guerra Mundial pasó a
llamarse Max Planck Institut.
(2) Michael
Polanyi, Personal Knowledge: Towards a Post-critical
Philosophy, 2ª ed., Routledge & Kegan Paul, London
1962 (en lo sucesivo, citado como PK).
(3) Bertrand
Russell, The Impact of Science on Society, University
Press, Oxford 1946.
(4) Michael
Polanyi, The Potential Theory of Adsorption,
“Science”, 141 (1963), pp. 1010-1013. Unos
años después sería publicado como
capítulo sexto en Knowing and Being, Routledge
& Kegan Paul, London 1969, un elenco de artículos de
Polanyi recopilados por Marjorie Grene (en lo sucesivo, citado
como KB).
(5) Karl
Polanyi (1886-1964) es conocido principalmente por sus trabajos
en economía con un enfoque sociológico, que
desarrollo principalmente en Estados Unidos y en Canadá.
Su obra más difundida se titula The Great
Transformation. Y como dato adicional, John Polanyi, hijo de
Michael, llegó a obtener el premio Nobel de
química.
(6) Michael
Polanyi,U.S.S.R. Economics, Manchester University Press,
Manchester 1935.
(7) Cfr.
John D. Bernal, The Social Function of Science, Routledge,
London 1938.
(8) Michael
Polanyi, The Growth of Thought in Society,
“Economica”, 8 (1941), p. 428.
(9) Michael
Polanyi, The Contempt of Freedom, C. A. Watts, London
1940.
(10)
Michael Polanyi, Science, Faith and Society, Oxford
University Press, London 1946. De ahora en adelante, citada como
SFS la traducción castellana de M. D. Cuadrado:
Ciencia, fe y sociedad, Taurus, Madrid 1961.
(11)
Michael Polanyi, The Logic of Liberty, Routledge &
Kegan Paul, London 1951.
(12) Cfr.
Michael Polanyi, The Republic of Science, Its Political and
Economic Theory, “Minerva”, 1 (1962), pp. 54-73.
Este artículo fue recogido en Knowing and Being
como capítulo cuarto (KB, pp. 49-72).
(13) Cfr.
KB, p. 49.
(14) Cfr.
KB, pp. 84-85.
(15) Cfr.
KB, p. 85.
(16) Cfr.
PK, p. 53.
(17) Cfr.
Joseph Agassi, Science and Society. Studies in the Sociology
of Science, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht 1981, pp.
1-2.
(18) SFS,
p. 44.
(19) Cfr.
Alasdair MacIntyre, Three Rival Versions of Moral Enquiry.
Encyclopaedia, Genealogy and Tradition, University of Notre
Dame Press, Notre Dame (Indiana) 1990, p. 63.
(20) Cfr.
PK, p. 269.
(21) Cfr.
Patrick Grant, Michael Polanyi: The Augustinian Component,
“The New Scholasticism”, 48 (1974), p. 441.
(22) Cfr.,
por ejemplo, PK, pp. 53-54. Una cita explícita a De
Magistro se encuentra en PK, p. 92.
(23) SFS,
pp. 41-42.
(24) Cfr.
Grant, Michael Polanyi: the Augustinian Component, cit.,
p. 442.
(25) Cfr.
Mariano Artigas, El desafío de la racionalidad,
Eunsa, Pamplona 1994, pp. 32-33.
(26) Cfr.
por ejemplo el capítulo II de Ciencia, fe y
sociedad, titulado “Autoridad y conciencia” (SFS,
pp. 38-61).
(27) Cfr.
PK, p. 195.
(28) PK,
p. 171.
(29) En
esta línea, es significativa la expresión
“intellectual passions”, que aparece en el
título de un extenso capítulo de Personal
Knowledge (cfr. PK, pp. 132-202).
(30)
Michael Polanyi, The Tacit Dimension, Anchor Books, London
1966, p. 4.
(31) Cfr.
PK, p. 50.
(32) Esta
idea, desarrollada con profundidad en Personal Knowledge
(cfr. PK, p. 163), se encuentra ya incoada en Ciencia, fe y
sociedad: «Las premisas de la ciencia no pueden ser
formuladas de una manera explícita y únicamente en
la práctica de la ciencia es donde se ponen de manifiesto,
tal como han sido conservadas por la tradición
científica. Esto no quiere decir que neguemos utilidad al
análisis de las premisas de la ciencia» (SFS, p.
87).
(33) Cfr.
SFS, p. 38.
(34) Cfr.
SFS, pp. 38-39.
(35) Cfr.
SFS, pp. 19-20. La contraposición entre dos tipos de
interpretación del mundo, “naturalista” y
“mágica”, no debe interpretarse en el sentido
que le da Kurt Hübner. Este autor se apoya en dicha
distinción para afirmar una pretendida superioridad de la
ciencia respecto a la filosofía, que considera como
interpretación mítica (cfr. Mariano Artigas,
Filosofía de la ciencia experimental, Eunsa,
Pamplona 1989, pp. 373-378), opinión que, por otra parte,
Polanyi no compartiría. En el fondo, con la
expresión “interpretación naturalista”
Polanyi alude a una interpretación racional de la
realidad.
(36) Para
avalar esta afirmación, Polanyi alude a los estudios
realizados por Evans-Pritchard sobre la tribu africana de los
Azande (cfr. PK 287-288).
(37)
«Las tradiciones se nos transmiten desde el pasado, y a su
vez llegamos a ellas dentro del contexto de los problemas
actuales a los que nos enfrentamos» (PK, p. 160).
(38) De
hecho, en su obra principal Kuhn menciona expresamente a Polanyi
como quien ha desarrollado en Personal Knowledge una
teoría similar a la suya sobre los paradigmas (cfr. Thomas
S. Kuhn, La estructura de las revoluciones
científicas, Fondo de cultura económica,
México, D.F. 1971, p. 82).
(39) Cfr.
PK, pp. 6-7. Es bien conocida la imagen pitagórica del
mundo que subyace en Kepler, al considerar que las órbitas
de los planetas se derivarían mediante consideraciones
exclusivamente geométricas.
(40)
Artigas señala que este mecanicismo sufrió una
evolución, pues el mecanicismo materialista, de
carácter reductivo, no apareció hasta finales del
siglo xviii. Aunque el interés de Galileo y Newton se
centraba en el estudio de la mecánica, no por esto
poseían una concepción materialista del universo
(cfr. Artigas, Filosofía de la ciencia
experimental, cit., pp. 311-312).
(41) Cfr.
PK, pp. 7-8.
(42) Cfr.
PK, p. 164.
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