Selam. La niña australopitecina de Dikika.
Carlos A. Marmelada
Índice
- 1. Un gran descubrimiento: un
homínido infantil de 3,3 millones de años.
- 2. El esqueleto de Selam.
- 3. “Arborealistas” y
“Terrestrealistas”: La polémica en torno al
bipedismo de afarensis.
- 4. El origen de los
afarensis.
- Notas
En el registro fósil de los homínidos prehumanos
tan apenas hay ejemplares infantiles. La razón es sencilla:
resulta muy difícil que los huesos de las crías de
varios millones de años fosilicen, debido a su fragilidad.
Pero si lo hacen proporcionan una gran cantidad de
información sobre el crecimiento y el desarrollo del
individuo (ontogénesis) y la especie
(filogénesis).
Poder entender cómo se produce el desarrollo
ontogenético de los individuos de las distintas especies de
homínidos es algo fundamental para una cabal
comprensión de la evolución humana. Aunque no es la
primera vez que se encuentran huesos fosilizados de crías
infantiles de Australopithecus, estos siempre habían
aparecido aislados; nunca se había encontrado un conjunto de
huesos pertenecientes a un mismo individuo infantil. El registro
fósil de los homínidos prehumanos como los
Australopithecus, revela una carencia total de esqueletos
pertenecientes a especímenes infantiles; de modo que no se
han podido estudiar los patrones de crecimiento de dichas especies.
Por ello, el descubrimiento que se ha hecho en Dikika,
Etiopía, constituye un verdadero motivo de
felicitación, pues se ha podido recuperar un esqueleto casi
completo de una niña de Australopithecus. Hasta ahora
el ejemplar infantil más famoso que se había hallado
era el célebre cráneo del Niño de Taung, que
con sus 2,5 Ma. fue descubierto casualmente en 1924 y perteneciente
a la especie Australopithecus africanus, nombrada así
por Raimond Dart y que fue la que dio nombre a este género
de homínidos.
El equipo dirigido por Zeresenay Alemseged (del Departamento de
Evolución humana del Instituto Max Planck de Leipzig,
Alemania) ha tenido la gran fortuna de toparse con un hallazgo
fabuloso: gran parte del esqueleto de una niña
australopitecina de 3,3 millones de años de antigüedad
(3,3 Ma.) 1. Por
eso dice Bernard Wood (de la Universidad de George Washington) que
el hallazgo representa: “una verdadera mina de
información acerca de un estadio crucial de la historia de
la evolución humana” 2.
Realmente ha sido un golpe de buena suerte porque, tal como nos
cuenta el propio Zeresenay Alemseged: “cuando decidí
ir a trabajar allí, no esperaba encontrar el esqueleto
juvenil de un homínido. Yo tenía otro conjunto de
cuestiones científicas relacionadas con la
paleoantropología cuyas respuestas quería averiguar.
Mi idea era investigar qué había sucedido en
términos paleoambientales, paleoantropológicos,
geológicos y estratigráficos antes de Hadar (el lugar
en el que fue hallado el famoso esqueleto de Lucy)” 3. Sin embargo, es una
zona geológica de un valor paleontológico
incalculable. Tras las épocas de las lluvias quedan
expuestos miles de fósiles, algunos de ellos de
homínidos, de modo que los científicos saben que
ésa es una zona en la que los descubrimientos son
especialmente plausibles.
El cráneo de una supuesta hembra de tres años de
edad muestra que muchos de los caracteres diagnósticos de la
especie a la que pertenece, Australopithecus
afarensis, ya estaban presentes en los primeros estadios del
desarrollo. Pero la buena fortuna no acaba aquí, sino que el
hallazgo incluye algunos elementos del esqueleto que eran
desconocidos hasta ahora en el registro homínido del
Plioceno. Así, entre los restos postcraneales se ha hallado
un hueso hioides que tiene la morfología típica de
los simios africanos. El pie y otros restos de los miembros
inferiores proveen evidencias a favor de una locomoción
bípeda, pero la escápula, similar a la de los
gorilas, así como las largas y curvadas falanges de las
manos ratifican la importancia que tenía el comportamiento
arbóreo de los A. afarensis en su repertorio
locomotor.
Los hallazgos se han llevado a cabo en el Miembro Sidi Hakoma de
la Formación Hadar con un rango cronológico
comprendido entre los 3,35 y los 3,31 Ma. “Allí
coinciden tres placas que abren la corteza terrestre, dejando
expuestos sedimentos que, precisamente, se corresponden a edades
que contienen fósiles de ancestros humanos” 4. Es la misma zona
fosilífera en la que se descubrió en 1974 5 el esqueleto parcial de
Lucy, la entonces llamada “Abuela de la
humanidad”, por ser el espécimen de
homínido más antiguo conocido hasta la fecha.
Además se había logrado recuperar un 40% de su
esqueleto, lo que también le convertía en el
homínido fósil más completo, si
excluíamos a los neandertales y los cromañones. En su
momento fue, sin duda alguna, un descubrimiento espectacular tanto
por su antigüedad como por la cantidad de huesos recuperados
del mismo individuo. Por todo esto, es posible que Lucy sea el
fósil más famoso de toda la paleontología
humana.
Lucy y la niña descubierta ahora pertenecen a la misma
especie: Australopithecus afarensis. La diferencia es que
Lucy corresponde al esqueleto de una hembra adulta 6, y tiene 3,2 Ma.; es decir:
cien mil años menos de antigüedad que Selam
7, bautizada por
sus descubridores con un nombre cuyo significado es:
Paz.
Al parecer Selam murió víctima de una riada. Su
cadáver pudo haber sido arrastrado por una crecida de aguas
y fue depositado a orillas de un lago cercano al actual río
Awash; allí fue cubierto rápidamente por sedimentos.
Fue esto, justamente, lo que contribuyó enormemente a que
tres millones trescientos mil años después la
descubrieran miembros del Dikika Research Project (DRP).
El cráneo fue hallado por Tilahun Gebreselassie la tarde
del 10 de diciembre del año 2000. El momento justo del
descubrimiento lo describe Alemseged con gran emoción en una
entrevista concedida a Kate Wong: “Yo estaba a pocos metros
de allí. Enseguida nos dimos cuenta que se trataba de un
homínido. La ausencia de prominencias en las cejas, la falta
de un surco postorbital, los caninos pequeños, la
sínfisis vertical de la mandíbula; todos estos
caracteres así lo indicaban. Me quedé mirando
alrededor (observando el suelo circundante) y enseguida vi la
frente. Pero con sólo cuatro miembros de nuestro equipo de
investigación allí no fue posible hacer los trabajos
de excavación necesarios para recuperar los restos. Tuvimos
que volver a Adis Abebba para hacernos con los suministros
necesarios” 8
.
En esa misma campaña y en las del 2002 y 2003 se
encontraron los restos postcraneales que hoy se le asocian, y que
se hallaban por detrás de la cabeza enclavados en una dura
bola de arenisca. El cráneo se hallaba enclavado en una
matriz de arenisca y ha costado cinco años, y más de
mil horas, de paciente trabajo el poder extraerlo sin
dañarlo, para ello incluso se han tenido que utilizar
herramientas de dentista. Pero el esfuerzo ha merecido la pena,
porque, por primera vez, se ha podido recuperar la cara de un
ejemplar de Australopithecus afarensis.
Por otra parte el cráneo está casi intacto excepto
partes de ambos parietales. Esta ausencia permiten observar las
marcas que el cerebro dejó impresas en el endocráneo;
lo que posibilitará estudiar la estructuración
cerebral de estos australopitecinos a fin de compararla con los
humanos. También se aprecia una ligera deformación en
la parte trasera de la calvaria. La mandíbula inferior ha
sido hallada todavía conjuntada con la mandíbula
superior y conserva todos los dientes en muy buen estado, excepto
las coronas del incisivo inferior izquierdo.
El hueso hioides ha podido recuperarse bien preservado justo
debajo del paladar. Este hueso es muy importante, pues permite
obtener información sobre el aparato fonador de los
homínidos. Sin embargo, es todo un milagro el que se haya
podido encontrar, pues se trata de un cartílago y es
dificilísimo que fosilice. De hecho en la literatura
científica sólo se ha descrito uno y se corresponde a
un neandertal de Kebara (en el Monte Carmelo, Israel), descubierto
en 1989. Y en todo el registro paleoantropológico
sólo se pueden contar tres: el citado y dos más
hallados en la Sima de los Huesos en Atapuerca 9 y correspondientes a Homo
heidelbergensis, con una antigüedad de 400.000
años. Esta escasez aún le confiere más
importancia al hioides de Dikika. El cual, y en espera de futuros
estudios, muestra una mayor similitud con el de los pánidos
que con el de los humanos. Lo que ratifica la suposición de
que los afarensis no podían hablar, sino que
proferirían sonidos guturales como los de los
chimpancés.
Los huesos del esqueleto postcraneal que han sido hallados
incluyen ambas escápulas y las clavículas. Las
vértebras cervicales y las dorsales, así como las dos
primeras lumbares y diversas costillas. Algunos miembros de las
extremidades han sido hallados a una pequeña distancia del
resto del conjunto óseo; y comprenden un fragmento distal
del húmero derecho incluyendo los epicóndilos (que
son los dos bultos óseos o protuberancias que se hallan al
final del húmero), que estaban separados del resto del
hueso. Los huesos de la mano incluyen las falanges proximales,
intermedias y dístales. Se ha podido recuperar una buena
parte del fémur distal y de la tibia proximal. La parte
distal de la tibia y el peroné incluye una epífisis
que estaba separada de los huesos. Lo que aún no se ha
hallado ha sido la pelvis, la región lumbar y parte de las
extremidades, principalmente superiores.
Al parecer Selam (cuyo nombre técnico es DIK-1-1) es una
hembra. Esto es lo que indica el estudio que se ha llevado a cabo
con las coronas dentales. Para ello se ha usado la técnica
clínica de la Tomografía Axal Computerizada (TAC),
cada vez más empleada para los estudios anatómicos de
los fósiles. El escáner ha revelado que las coronas
del primer molar, aunque no habían hecho erupción
aún, ya estaban plenamente formadas, así como parte
de las coronas del segundo molar. También están
presentes las coronas de los premolares, los caninos y los
incisivos. Comparando los patrones de desarrollo dental de los
afarensis con los de los chimpancés actuales, se
llega a la conclusión que Selam debió morir a los
tres años.
El cráneo (DIK-1-1a) de Selam se ha comparado con el
cráneo de afarensis AL 333-105 10 y con el del Niño de Taung. La
capacidad cerebral calculada de forma directa se estima en 235 cc.
Pero hay que tener en cuenta que la parte trasera de la calota
está un tanto deformada, por ello los investigadores opinan
que el tamaño volumen craneal de DIK-1-1ª está
comprendido entre los 275 y los 330 cc. Más o menos el mismo
que tiene un chimpancé de una edad similar. Lo que sucede es
que Selam sólo lo había desarrollado en sus tres
cuartas partes, mientras que un pánido ya lo ha hecho a esa
edad en un 90 %. Lo que significa que el equipo de Zeresenay le
calcula un volumen endocraneal de 425cc. cuando fuera adulta. Poco
más que los 380 cc. de un chimpancé adulto actual y
ligeramente superior a la hembra de Flores (417 cc.) hallada por el
equipo de Morwood y Brown; y muy lejos de los 1350 cc. de promedio
de los humanos actuales.
Detalles morfológicos de la cara de Selam recuerdan a
rasgos de afarensis y difieren de africanus. La
apertura nasal es estrecha, como en otros especímenes
juveniles de afarensis, como es el caso del espécimen
AL. 333-86. Los caninos y los molares no revelan
características simiescas como en Australopithecus
anamensis y Ardipithecus ramidus. De hecho, son las
similitudes dentales entre este espécimen juvenil y los
individuos adultos de la especie afarensis lo que aconseja
englobarlo en este taxón.
El escáner de la tomografía computerizada revela
que el foramen magnum (el orificio en el que se inserta la columna
vertebral en el cráneo) está localizado en una
posición mucho más anterior que en los simios de la
misma edad dental. Un dato a favor de la locomoción
bípeda como medio de desplazamiento terrestre. De cintura
para abajo el esqueleto de Selam indica que su locomoción
era bípeda. Pero de cintura para arriba conserva rasgos
primitivos o ancestrales que sugiere que aún mantenía
las habilidades para trepar a los árboles y desplazarse por
ellos balanceándose por las ramas, tal como indica la
longitud y curvatura de las falanges de sus manos. En los
Australopithecus afarensis: “los brazos y las
proporciones corporales indican considerable potencia muscular.
Brazos relativamente largos respecto a piernas. El índice
húmero-femoral de Lucy es de 83,9. En el humano actual el
índice es de 74,2; y en los póngidos actuales mayor
de 100 (pues son braquiadores suspensores), pero en Pan
paniscus es de 97,8 (...) En conclusión, tenían
gran facilidad para saltar, equivalente a la de un chimpancé
actual, y para trepar por los árboles sujetándose
fuertemente al tronco con la cara mesial de los pies mientras se
izaba con los brazos como se deduce de la posición
anteoposterior del trocánter menor (según M.
Pickford). Sus piernas eran cortas, como su zancada. Usarían
el bipedismo para trasladarse por tierra en un entorno de bosque
abierto y para explotar econichos terrestres (según R.
Susman). O. Lovejoy, en cambio, lo interpreta como bipedismo
locomotor terrestre” 11.
Se sabe que los afarensis son bípedos, pero
también se sabe que sus extremidades superiores son
más largas que las inferiores, un claro rasgo primitivo
heredado de un antepasado que conservaba esta característica
simiesca y que se la legó a la arquitectura del esqueleto de
los afarensis. Sin embargo existe un debate entre los
científicos en torno al papel evolutivo de estos brazos
largos y simiescos. Para unos sería una herencia
inútil caída en desuso por tratarse de unos
bípedos totalmente eficaces, tal como opinaba
tradicionalmente Donald Johanson, uno de los célebres
descubridores de Lucy; si bien el famoso científico de la
Arizona State University, opina ahora que se acumulan los indicios
que hacen suponer que también debió desarrollar una
cierta vida arborícola 12. Es muy posible que por las noches
subieran a dormir a los árboles buscando allí un
refugio que les protegiera de los depredadores terrestres, tales
como leones, hienas y tigres de dientes de sable. También es
probable que se desplazaran a través de las ramas de los
árboles en busca de frutos maduros, los cuales formaban una
parte importante de su dieta. Lo desconcertante es que, en un
escenario de este tipo, cabría encontrar un omoplato del
estilo de los chimpancés; empero, la escápula hallada
en Dikika es más similar a la de los gorilas, el menos
arbóreo (dado su gran tamaño) de todos los simios
conocidos hoy en día. Sin embargo, tampoco hay aquí
pleno consenso; en opinión del antropólogo Owen
Lovejoy (de la Kent State University, USA) dicha escápula
“es primitiva pero, realmente, es más parecida a la de
los humanos que a la de los gorilas” 13.
La polémica en torno al tipo de locomoción de
afarensis, así como a su forma de vida, es un tema
recurrente desde hace casi tres décadas. Dicha
polémica no siempre ha corrido por cauces pacíficos,
sino que en ocasiones ha levantado auténticas polvaredas en
medio de enconados debates entre especialistas. Lee R. Berger (de
la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, Sudáfrica)
nos cuenta como: “En la década de 1980 y a principios
de la década de 1990 la discusión sobre la vida
arbórea o terrestre se centraba en torno del
afarensis (…) Este debate era sorprendentemente
estridente, hasta el punto de que los científicos se
dividieron en bandos de «arborealistas» por un lado y
de «terrestrealistas» por otro (…) La vehemencia
que acompañaba a cualquier debate acerca de los
orígenes humanos no estaba ausente de esta polémica
sobre la ascensión a los árboles. De hecho, la
década de 1980 y principios de la década de 1990
constituyeron un período de profundo desacuerdo entre los
dos bandos, tan aguzado que la interpretación de la
función de un solo músculo podía conducir a
feroces enfrentamientos públicos entre los
científicos. En las conferencias algunos quedaban excluidos
de su grupo por el simple hecho de dirigir la palabra a un miembro
del bando opuesto” 14.
A su vez, los estudios sobre el entorno en el que vivía
Selam 15 indica
que se trataba de un paleoambiente en el que se combinaban las
arboledas con los claros y en el que se prodigaban las superficies
herbáceas con abundante agua de un lago o delta. La fauna
asociada a este espécimen juvenil de afarensis
consta, entre otros tipos de animales, de hipopótamos,
cocodrilos y serpientes.
Los afarensis son australopitecos que vivieron entre 3.9
y 3 Ma. y lo hicieron en las mismas áreas geográficas
en las que se han encontrado los restos de los Australopithecus
anamensis (tanto en Etiopía como en Kenya), que son
más antiguos (4,2 millones de años). Gracias al
reciente descubrimientos de anamensis en la región de
los Afar en Etiopía, se ha podido relacionar por vez primera
estas tres especie de homínidos ancestrales: Ardipithecus
ramidus, Australopithecus anamensis y
Australopithecus afarensis en una sucesión
cronológica en la misma zona. La proximidad de los nuevos
descubrimientos hace crecer la posibilidad de que anamensis
sea el antecesor de afarensis. Este mismo mes de agosto, en
la revista especializada Journal of Human Evolution, Meave G.
Leakey (la descubridora de A. anamensis), Donald C. Johanson
(el descubridor de Lucy),Yoel Rak y otros publicaban un
artículo en el que planteaban la cuestión de si
anamensis era o no el antepasado directo de
afarensis16, apostando por ello. Sin embargo Lee
R. Berger, por ejemplo, no ve las cosas tan claras y duda que
anamensis pueda ser, sin más, el antecesor de
afarensis ya que, alega, el cráneo de aquél es
notoriamente más primitivo que el de la especie a la que
pertenece Lucy, los restos del esqueleto postcraneal parecen
ser de un tipo morfológico más moderno, y eso que los
especímenes de anamensis son casi medio millón
de años más antiguos que los de afarensis. De
esta suerte Berger se pregunta: “¿Cómo era
posible que una criatura supuestamente más simiesca en su
morfología craneal que el africanus y el
afarensis y que había vivido al menos medio
millón de años antes, se hallara más avanzada
en términos de evolución anatómica desde el
cuello para abajo?” 17.
Sobre lo contradictorio que resulta la combinación de
caracteres arcaicos y modernos en anamensis Daniel
Turbón hace el siguiente comentario: “Contrasta el
primitivismo del cráneo con la sorprendente modernidad de la
tibia: ambas plataformas tibiales están bien excavadas, es
decir, su rodilla no tenía la capacidad de movimiento
lateral de A. afarensis. Por ello, algunos autores
consideran que el bipedismo en la línea Homo se
habría dado ya en aquél momento, 0,5 crones antes que
las pisadas de Laetoli. Por su parte, Meave Leakey cree que es un
homínido muy primitivo antecesor de A. afarensis.
Ambos puntos de vista no son incompatibles ya que los restos
podrían pertenecer a varios individuos —una constante
en el Rift, por razones ya descritas— y cabe la posibilidad
de que los restos de A. anamensis pertenecieran a dos
especies simpátridas” 18.
De hecho, aún sigue abierta la polémica en torno a
quién fue el homínido autor de las pisadas de
Laetoli. Se trata de un conjunto formado por centenares de huellas
pertenecientes a diversas especies entre las que destacan 69
pisadas de homínidos claramente bípedos; entre ellas,
curiosamente, algunas están intencionadamente superpuestas;
hecho que ha sido interpretado de diversas maneras. Para algunos
especialistas debió ser afarensis el autor de las
misas; para otros, lo más probable es que fuera A.
anamensis. Estos últimos argumentan que: “A.
anamensis tiene unas plataformas tibiales bien excavadas, en
las que los cóndilos femorales encajan ajustadamente, como
es el caso de la rodilla humana actual. En cambio la tibia de A.
afarensis, representada por «Lucy», es diferente.
Presenta una plataforma tibial externa de borde convexo, lo que, en
términos biomecánicos, significa que su rodilla
tendría cierta capacidad de rotación, muy útil
en la vida arborícola” 19.
(1) Cf. Zeresenay
Alemseged, et al.: A juvenile early hominin skeleton from
Dikika, Ethiopia; Nature, Vol. 443, 21 septiembre 2006, pp.
296-300.
(2) Bernard Wood: A
precious little bundle; Nature, Vol. 443, 21 september 2006,
p. 278.
(3) El texto
está extraído de la entrevista que concedió
Alemseged a Kate Wong para la revista digital Scientific
American.com:
http://www.sciam.com/article.cfm?articleID=0004A45D-44EC-1510-840D83414B7F00FF.
(4) Rex Dalton: The
history man; Nature, Vol. 443, 21 septiembre 2006, p. 269. Se
trata de un pequeño artículo en donde Dalton
homenajea a Maurice Taieb, uno de los directores del equipo que
descubrió a Lucy en 1974, a pocos kilómetros de
distancia del lugar donde ahora se ha descubierto a Selam.
(5) Un año
antes, el equipo de investigación franco-estadounidense,
codirigido por Maurice Taieb y Donald Johanson (equipo al que
también pertenecían Yves Coppens y Tim D. White),
había encontrado los huesos de una articulación de la
rodilla, con una antigüedad de tres millones de años.
Lo sorprendente era que mostraban una asombrosa similitud con la
rodilla de los humanos modernos.
(6) Durante años
se discutió si Lucy era en realidad una hembra o un macho.
Para P. Schmidt y M Hanser Lucy no es una hembra sino un macho;
algo que Don Johanson, y muchos otros, rechazan de plano, pues
implicaría que las hembras de afarensis, debido al
dimorfismo sexual, deberían medir del orden del medio metro,
lo que resulta sumamente improbable.
(7) Pese a que Selam es
más antigua que Lucy, parece inevitable sucumbir a la
tentación de llamarla: “La hija de Lucy”, tal
como sugiere Kate Wong en su artículo: Lucy’s
Baby; Scientific American.com:
http://www.sciam.com/article.cfm?chanID=sa003&articleID=00076C1D-62D1-1511-A2D183414B7F0000.
Aunque, quizás, sería más apropiado llamarla:
La niña de Dikika, según expresión del
propio equipo investigador.
(8) Cif. la entrevista
de Kate Wong a Zeresenay Alemseged; op. cit.
(9) “En el
yacimiento de la Sima de los Huesos de Atapuerca hemos encontrado
un cráneo con su base prácticamente completa, el
Cráneo 5, así como la mayor parte de dos huesos
hioides. Habrá que esperar a que culminen las
investigaciones en curso sobre este extraordinario material
fósil para conocer más datos sobre el origen del
habla humana” (Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez:
La especie elegida; Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1998, p.
314.
(10) Una
reconstrucción craneal hecha a partir de restos
pertenecientes a diversos individuos.
(11) Daniel
Turbón: La evolución humana; Ariel, Barcelona,
2006, p. 118.
(12) “Desde un
principio fui un incondicional defensor de la tesis de que
afarensis era un bípedo terrestre estricto. Pero
ahora hay que reconocer que no es imposible que todavía
explotaran algunos de los nichos ecológicos de los
árboles, ya sea para dormir por las noches o para
alimentarse”. Cif. Kate Wong op. cit.
(13)
Declaración recogida por Kate Wong; cif. op. cit.
(14) Lee R. Berger:
Tras las huellas de Eva; Ediciones B, Madrid, 2001, pp.
192-194.
(15) Cif. Jonathan G.
Wynn, et al.: Geological and paleontological context of Pliocene
juvenil hominin at Dikika, Ethiopia; Nature, Vol. 443, 21
septiembre 2006, pp. 332-336.
(16) William H.
Kimbel, Meave Leakey, Donald C. Johanson, Yoel Rak, et al.: Was
Australopithecus anamensis ancestral to A. afarensis? A case of
anagenesis in the hominin fossil record; Journal of
human evolution, Vol. 51, issue 2, agosto de 2006, pp.
134-152.
(17) Lee R. Berger:
Op. cit., p. 222.
(18) Daniel
Turbón: Op. cit., p. 114.
(19) Ibidem; p.
122.
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