La búsqueda
científica del orden. ¿Milagros sin
autor?
Mariano Artigas
Artículo inédito de 1991
Una de las cuestiones que
más interés suscitan hoy día en el
ámbito científico es la
auto-organización de la materia. Estamos
ante una auténtica revolución en nuestra
concepción de la naturaleza, que tiene importantes
implicaciones filosóficas y teológicas.
La importancia del tema se
refleja en una obra colectiva publicada en 1989 por Paul
Davies1, que
ofrece una síntesis de los temas punteros de la
física actual. Sus 18 capítulos se pueden
dividir en tres bloques. El primero se refiere a la
astrofísica y a la cosmología, o sea, al
universo en su conjunto; se trata de la frontera de lo
muy grande. El tercero trata temas de física
fundamental, o sea, de las partículas y fuerzas
básicas que componen la materia; se trata de la
frontera de lo muy pequeño. El segundo se refiere
a diferentes aspectos de la auto-organización; se
trata de una nueva frontera, que es la de la
complejidad.
La experiencia de
auto-organización en la naturaleza no es algo
nuevo. En el mundo de los vivientes impera la
auto-organización. Si el tema de la
auto-organización cobra hoy día un
interés especial, ello no se debe a que se haya
descubierto sin más su existencia. Se debe a que,
por primera vez en la historia, estamos alcanzando una
cierta comprensión de los mecanismos
físicos implicados en los fenómenos de la
auto-organización.
Superfluidez y
superconductividad.
Los fenómenos
físicos donde se manifiesta más
espectacularmente la aparición espontánea
de un comportamiento ordenado son la superfluidez y la
superconductividad. Tienen un gran interés
tecnológico y económico; por ejemplo, las
industrias avanzadas siguen con interés los
avances en la fabricación de superconductores, que
permiten el transporte de energía sin
disipación.
La superfluidez tiene lugar a
muy bajas temperaturas, cerca del cero absoluto, que es
el límite en el que cesa toda actividad. Un
inconveniente es que casi todos los elementos se congelan
a esas temperaturas. Pero hay una excepción: el
helio. Existen dos isótopos estables del helio: el
helio 4, que es el común, y el helio 3, que es
raro y se produce en la desintegración beta del
tritio en reactores nucleares. Los dos isótopos se
comportan de modo muy diferente, lo cual sirve para
examinar los efectos de las dos estadísticas
cuánticas: la de Fermi-Dirac, a la que obedecen
las partículas de espín semi-entero, y la
de Bose-Einstein, seguida por las partículas de
espín entero.
La superfluidez se da a
temperaturas enormemente bajas: a partir de 2,17 grados
Kelvin para el helio 4, y de 2,6 x 10-3 grados
Kelvin para el helio 3. En esas condiciones, un enorme
número de átomos se comporta colectivamente
de modo que se da un flujo sin fricción alguna. El
helio líquido sube por las paredes de un
recipiente, y existen otros fenómenos igualmente
llamativos.
La física de bajas
temperaturas.
Que el descenso de temperatura
provoca fenómenos de orden es bien conocido.
Existen muchos fenómenos en los que se da una
transición de desorden a orden al disminuir la
temperatura. Uno muy familiar es la congelación
del agua. Otros fenómenos bien conocidos se
refieren al magnetismo: a temperaturas suficientemente
bajas, los átomos de una pieza de hierro, que se
comportan como pequeños imanes, se alinean
paralelamente, y la pieza se comporta como un
imán.
Sin embargo, si toda la
naturaleza se encontrara a esas temperaturas,
presentaría un elevado grado de orden, pero se
trataría de un infierno congelado en el que no
habría lugar para la vida. ¿Por qué,
entonces, se da tanta importancia a estos avances de la
física?
En pocas palabras, lo que
sucede es que, por primera vez, disponemos de
teorías que nos permiten conocer los detalles
microfísicos de unos fenómenos que
tienen manifestaciones macrofísicas. La
física de bajas temperaturas permite relacionar la
mecánica cuántica, que trata acerca de los
componentes minúsculos de la materia, con el mundo
de lo observable; por tanto, permite explicar cómo
surgen configuraciones macrofísicas a partir de
los componentes microfísicos. Ahí radica su
importancia.
Conocemos también
transiciones del desorden al orden que se dan en otros
tipos de fenómenos. Las condiciones físicas
en que se producen esos fenómenos constituyen el
tema de importantes estudios dirigidos por
científicos como Ilya Prigogine y Hermann Haken.
La termodinámica de procesos irreversibles de
Prigogine y la sinergética de Haken son dos
perspectivas centradas en el tema de la
auto-organización.
¿Qué
significa la auto-organización?
En pocas palabras, la
situación es la siguiente. En primer lugar, se han
formulado nuevas teorías
físico-matemáticas que explican
fenómenos en los que se forman nuevos tipos de
orden. En segundo lugar, se han conocido nuevos
fenómenos que responden a las
características de la auto-organización;
algunos de ellos sólo tienen lugar en condiciones
de laboratorio. En tercer lugar, las explicaciones
alcanzadas relacionan el nivel de los componentes
microfísicos (partículas, átomos)
con el nivel observable. En cuarto lugar, esto hace
posible que se tiendan puentes que conectan los niveles
básicos de la física y la química
con el nivel biológico.
En el nivel de la
biología, se utilizan conceptos tomados de la
cibernética y de la teoría de la
información. Estos conceptos, junto con las
teorías acerca de la auto-organización,
proporcionan una base para el estudio de los mecanismos
físicos implicados en los fenómenos
biológicos.
El conocimiento de los
procesos en los que se origina el orden pone de
manifiesto la importancia, en el ámbito
científico, de las configuraciones y de las
tendencias. Y es fácil advertir que estas
dos nociones se encuentran muy relacionadas con los
conceptos clásicos de formas y
fines, que parecían haber sido borradas del
mapa por el progreso científico. La ciencia actual
muestra que en el nivel físico básico
existen tendencias reales hacia configuraciones bien
determinadas.
El dinamismo de la
materia.
Parece necesario proceder a
una re-evaluación del concepto de materia.
Quizás no sería del todo inapropiado
hablar, en este contexto, de un retorno a una
noción dinámica de la materia que ya se
encontraba en los presocráticos.
Si se exceptúan Leucipo
y Demócrito, las ideas de los presocráticos
se encuentran muy alejadas de la idea de materia que
prevaleció cuando, dos mil años más
tarde, la física naciente parecía
entrelazarse con una concepción mecanicista.
Materia y fuerza formaban una unidad indivisible. Como
subrayó Jaeger, Platón cita la frase de
Tales todo está lleno de dioses como si
fuera la quintaesencia misma de toda filosofía.
Parece significar que todo está lleno de
misteriosas fuerzas vivas. Anaxímenes parece
compartir con Tales esta idea, y Heráclito se hizo
eco de ella cuando, según se cuenta, estando al
lado del hogar de su casa calentándose,
advirtió que unos visitantes vacilaban en entrar,
y les dijo: Entrad. También aquí hay
dioses.
Estas ideas de los
presocráticos acerca de la materia han sido a
veces desechadas como correspondientes a una mentalidad
primitiva deudora de un pasado mítico. Sin
embargo, el dinamismo de la materia es un aspecto
claramente afirmado por las ideas científicas
contemporáneas.
Ciencia, filosofía y
teología.
Davies enmarca este tema con
estas palabras: "Los sistemas complejos dejan de ser
meramente complicados cuando despliegan un comportamiento
coherente que implica la organización colectiva de
un amplio número de grados de libertad. Es uno de
los milagros universales de la naturaleza que enormes
reuniones de partículas, que sólo
están sometidas a las fuerzas ciegas de la
naturaleza, sin embargo son capaces de organizarse a
sí mismas en configuraciones (patterns) de
actividad cooperativa".
La referencia a "milagros
universales", "fuerzas ciegas" y
"auto-organización" muestran a las claras que el
tema resulta fascinante porque conecta con problemas
perennes de la filosofía natural e incluso de la
teología. Y muestra que, cuando se adopta una
posición naturalista, hay que admitir que la
naturaleza realiza "milagros universales". Se trata de un
milagro continuo, sólo que sin autor.
La reflexión acerca del
fundamento del orden apunta hacia problemas que
están tan vivos ahora como siempre, y que,
llevados hasta sus últimas consecuencias,
constituyen parte del objeto de la teología
natural.
Así como el ser
necesita de un fundamento, el orden, que puede ser
concebido como un despliegue del ser, también lo
requiere. El ser y el obrar se encuentran vinculados e
incluso como fundidos en una misma realidad. Pues bien,
la reflexión acerca de una naturaleza que
manifiesta un dinamismo propio, que tiende hacia nuevas
estructuras de orden, conduce fácilmente a admitir
que debe existir una causa superior a la naturaleza.
La auto-organización de
la naturaleza, lejos de excluir la exigencia de una
ulterior fundamentación, puede ayudar a
replantearla desde unas bases que, comparadas con la
imagen mecanicista de la naturaleza, resultan mucho
más auténticas y sugerentes. A menos que
uno esté dispuesto a dejar de pensar, o a afirmar
que existen milagros continuos que no tienen autor.
(1) P. Davies (editor). The New
Physics. Cambridge University Press, Cambridge
1989.
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