Mariano Artigas (1938-2006) in memoriam
Santiago Collado González
Facultad Eclesiástica de Filosofía
scollado@unav.es
Publicado en Anuario de Historia de la Iglesia, XVII
(2008) pp. 418-425
Contenido
Mariano Artigas nació en Zaragoza el 15 de
diciembre de 1938. En el curso 1955-56 se trasladó a
Barcelona para comenzar los estudios de Ciencias
Físicas. Consiguió el grado de licenciado en
junio de 1960 y comenzó los estudios de doctorado en
Físicas que quedaron interrumpidos temporalmente
porque en 1961 se marchó a Roma para completar los
estudios eclesiásticos que ya había iniciado
en España. En Roma tuvo la oportunidad de conocer al
Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá
de Balaguer, y a su sucesor, el siervo de Dios don
Álvaro del Portillo, que siguió siempre muy
de cerca su trayectoria intelectual. Años más
tarde Mons. del Portillo escribiría un
prólogo para uno de sus libros: “El hombre a
la luz de la ciencia”, volumen que también
contiene un diálogo con el siervo de Dios sobre
“Ciencia y conciencia”. Su años romanos,
la proximidad con estos grandes personajes, haber vivido
tan de cerca el desarrollo del Concilio Vaticano II,
dejaron en él una clara impronta en su personalidad
que se traduciría en un arraigado afán de
servicio a la Iglesia. Con el tiempo, su actividad le
mereció ser nombrado Consultor del Consejo
Pontificio para el Diálogo con los no creyentes
(abril de 1992), miembro ordinario de la Pontificia
Academia de Santo Tomás (diciembre de 1999) y
miembro del Comité Científico del Archivo de
la Congregación para la Doctrina de la Fe (octubre
de 2002).
En julio de 1963 defendió su tesis doctoral en la
Facultad de Filosofía de la Universidad Lateranense.
Su trabajo llevaba por título “El problema de
la substancialidad de las partículas elementales:
estudio sobre la aplicabilidad de la noción de
substancia a la microfísica”. La tesis fue
dirigida por el profesor Roberto Masi. El título de
este trabajo es un buen ejemplo de una de las líneas
orientadoras de su producción intelectual: poner de
manifiesto la compatibilidad de la filosofía
clásica con las nociones de la ciencia moderna y
releer los viejos temas de la tradición
clásica y tomista con el lenguaje proporcionado por
la ciencia contemporánea.
En el año 1964 Mariano Artigas recibió el
orden sacerdotal y regresó a Barcelona. Allí
fue capellán del Colegio Mayor Monterols durante
más de 20 años. En este tiempo tuvo la
oportunidad de desarrollar una amplia y profunda labor
pastoral, especialmente con universitarios. Muchos de estos
universitarios de entonces le recuerdan hoy como un
sacerdote cordial, siempre disponible para todos y, al
mismo tiempo, con un gran sentido del aprovechamiento del
tiempo. Durante este período de su vida
consiguió hacer compatible su tarea pastoral con la
publicación de decenas de artículos de
divulgación científica y con el trabajo
necesario para completar su formación
académica: obtuvo el grado de Doctor en Ciencias
Físicas por la Universidad de Barcelona en octubre
de 1968. El título del trabajo fue:
“Relación y estructura en la mecánica
newtoniana” y se lo dirigieron los profesores Roberto
Saumells y Luis María Garrido. Ese mismo año
comenzó a impartir cursos monográficos de
Filosofía de la Naturaleza y de Epistemología
en la misma Universidad. En las clases, lecturas y estudios
de estos años fue madurando los contenidos y
planteamientos de libros que redactaría con
posterioridad como, por ejemplo, los manuales de
Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia.
Dejó de dar los cursos de la Universidad de
Barcelona en el año 1972 y, desde el año
siguiente hasta el año 1978, impartió
docencia como profesor de Teología en el Instituto
de Estudios Universitarios.
En junio de 1979 obtiene un nuevo doctorado en
filosofía por la Universidad de Barcelona. El
título de su investigación hace referencia a
un tema que ocupará abundante espacio en sus
publicaciones posteriores: “La confiabilidad de la
ciencia y su impacto filosófico”. En esta
ocasión le dirigió el catedrático
Francisco Canals. En ese mismo año edita un breve
estudio crítico que es fruto de su tesis doctoral:
“Karl Popper. Búsqueda sin termino”
Su actividad intelectual le llevó en estos
años a entrar en contacto con personalidades de la
talla de Karl Popper, con quien mantuvo relación
epistolar sobre diversas cuestiones filosóficas
como, por ejemplo, el realismo en la ciencia; de Evandro
Agazzi, desde hace muchos años presidente de la
Academia Internacional de Filosofía de la Ciencia; o
del premio Nobel de medicina Sir John Eccles.
Agazzi prologó su primer libro escrito en 1984:
“Ciencia, razón y fe”. Su título
expresa la arraigada convicción de Artigas, que
comparece de distintas maneras en toda su producción
intelectual, de la armonía existente entre la
ciencia y la fe y, al mismo tiempo, de la necesidad de la
razón, entendida como racionalidad
filosófica, para conseguir dicha armonía.
Ciencia, razón y fe son en la producción y en
el pensamiento de Mariano como tres pilares que se
refuerzan y complementan mutuamente. El intento de reducir
alguno de ellos a los demás significaría, en
el pensamiento de Artigas, la ruina de los tres.
Defendió siempre la necesidad de mantener su
legítima autonomía así como su mutua y
estrecha interdependencia.
Sir John Eccles prologó su segundo libro
publicado en ese mismo año, “Las fronteras del
evolucionismo”, que incluye también un
epílogo en forma de entrevista con el mismo Eccles.
Llegó a tener con él una sincera amistad.
Este libro pronto se tradujo al portugués y al
italiano y cuenta en la actualidad con seis ediciones. Su
contenido constituye un ejemplo práctico de lo
defendido en el primero: se exponen diversas claves para
disolver las controversias que, con frecuencia, se plantean
entre los defensores de las teorías evolutivas y los
que defienden la verdad de lo que nos ha sido revelado por
la fe. Se ilustran también las verdades y los
avances extraordinarios alcanzados por las ciencias
biológicas, señalando a la vez los
límites que, como ciencia, posee la biología.
Pone en evidencia, de esta manera, el reduccionismo de no
pocas afirmaciones que son especialmente frecuentes en
libros y artículos de divulgación
científica. De estos años son también
un breve volumen titulado “Introducción a la
Filosofía” y la primera edición de un
manual escrito con el profesor Juan José Sanguineti
y titulado “Filosofía de la
Naturaleza”.
El sólido prestigio académico que
había alcanzado ya entonces fue sin duda una
razón de peso para que en 1987 fuera nombrado
Profesor Ordinario de Filosofía de la Naturaleza y
de la Ciencia en la Facultad Eclesiástica de
Filosofía de la Universidad de Navarra. Este
nombramiento le llevó hasta Pamplona donde pocos
meses más tarde fue nombrado Decano de la mima
Facultad, que comenzó sus actividades
académicas en 1988. Le tocó, por tanto, la no
fácil tarea de poner en marcha una Facultad
Eclesiástica, con todos los trabajos que lleva
consigo como, por ejemplo, la promoción de alumnos.
Artigas desempeñó ese cargo durante casi diez
años. Después ocupó en dos periodos
distintos, entre 1998 y 2001, y desde 2004 hasta su
fallecimiento, el cargo de vicedecano de la misma
facultad.
En 1987, año en que fue nombrado también
profesor agregado de la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Navarra, impartió, para
alumnos de licenciatura, la asignatura de
“Filosofía de la Ciencia”. Además
impartió a los alumnos de doctorado de la misma
facultad los cursos: “Naturaleza y
Tecnología”, “Problemas actuales de
filosofía de la ciencia” y “Textos de
Galileo sobre la verdad científica”. En la
Facultad de Teología impartió, en los
distintos niveles académicos, cursos de
“Lógica”,
“Metafísica”, “Filosofía de
la naturaleza”, “Filosofía de la
ciencia” e “Historia y metodología de
las ciencias”, entre otros. Más tarde
también fue profesor visitante de la
“Pontificia Università Della Santa
Croce”, entre los años 2002 y 2005, e
impartió en dicha universidad varios cursos de
doctorado.
El cargo de decano, con su exigencia de
dedicación de tiempo a tareas burocráticas, y
sus considerables ocupaciones docentes, no fueron un
obstáculo para que continuase con sus trabajos de
investigación por los que tenía verdadera
pasión. Participó en diversos países
de Europa y América en numerosos congresos,
presentando comunicaciones orales o ponencias como profesor
invitado, que han sido publicadas en gran parte. Estos
viajes le sirvieron para conocer y hacer amistad sincera
con expertos en las distintas materias en las que estaba
trabajando. La facilidad para trabar amistades duraderas
durante esos breves tiempos de encuentro académico
fue una de sus apreciables virtudes.
Se puede decir que el ritmo en el número de sus
publicaciones y en su trabajo de investigación fue
creciendo año tras año. En total, y hasta la
fecha, se han publicado 19 títulos distintos de
monografías. Algunos de los libros más
recientes han sido publicados con otros coautores
originalmente en lengua inglesa. De un buen número
de ellos se han hechos numerosas reediciones y traducciones
al inglés, portugués, italiano,
alemán, japonés o al coreano. El
número de artículos y otros tipos de
contribuciones se acerca a los 300.
Los frutos de su constante y concienzudo trabajo fueron
especialmente visibles en el último año de su
vida. Cuando ya estaba luchando contra su enfermedad pudo
ver la publicación de “Negotiating Darwin. The
Vatican confronts evolution 1877-1902” (con Thomas
Glick and Rafael Martinez como coatores), editado por la
Johns Hopkins University Press; “Galileo Observed.
Science and the Politics of Belief” (con William
Shea), editado por Science History Publications y, muy poco
antes de fallecer, en la cama del hospital, recibió
el primer ejemplar enviado por la Oxford University Press
de “Oracles of Science. Celebrity scientists versus
God and Religion” (escrito con Karl Giberson). En
este último periodo de su vida terminó otros
tres libros (uno de ellos lo escribió
íntegramente en esos meses) de los que dos ya se han
publicado como libros póstumos: “El origen del
hombre. Ciencia, Filosofía y Religión”
(escrito con Daniel Turbón) y “Ciencia y
Religión. Conceptos fundamentales”. El
tercero, que estudia los trabajos de la comisión
nombrada por Juan Pablo II para estudiar el caso Galileo
está también a punto de ser publicado en el
momento de escribir estas líneas.
La aportación intelectual que Mariano Artigas ha
hecho a la filosofía deberán establecerla los
estudios que se realizarán en el futuro. La
importancia de su contribución ya se hace patente en
las numerosas recensiones y reseñas hechas de sus
libros en distintos medios y publicaciones. Aunque, hasta
el momento, sólo hay un trabajo monográfico
que estudie su pensamiento de una manera más general
1.
Los campos temáticos que ha estudiado, como se ha
ido viendo en este trabajo, se han centrado
fundamentalmente en el ámbito de la
Epistemología y de la Filosofía de la
Naturaleza. Otro de los temas que recorre toda su
producción es el de las relaciones entre la ciencia
y la religión. En palabras de Mons. Sánchez
de Toca, subsecretario del pontificio consejo para la
cultura y coautor del libro que queda por publicar:
“En cierto sentido, puede considerársele
también pionero en España de esa nueva
disciplina conocida como Science and Religion
” 2.
Esta temática ha sido abordada, en gran parte, a
través de estudios históricos de personajes
concretos que han influido notablemente en el mundo de la
ciencia o de la divulgación científica. Es
destacable el trabajo desarrollado para arrojar luz en el
Caso Galileo: nos ha dejado una trilogía de la que
el último libro sobre la comisión vaticana
sobre el Caso Galileo es el que está a punto de ser
publicado por la editorial BAC.
En relación con el caso Galileo se debe mencionar
también aquí la publicación de un
manuscrito inédito descubierto por Artigas mientras
rebuscaba en los archivos de la Congregación para la
Doctrina de la Fe 3.
Mariano Artigas pensaba que el estudio del caso Galileo
tenía una importancia especial por concentrar, por
vez primera y de manera singular, todos los argumentos que
en los últimos siglos han sido empleados en el
debate entre la ciencia y la religión, y más
en particular, entre ciencia e Iglesia. Con demasiada
frecuencia se han interpretando los hechos del “Caso
Galileo” de una manera sesgada, parcial e incluso
faltando a la verdad de los mismos hechos: en no pocas
ocasiones se ha empleado este caso como un arma arrojadiza
contra la Iglesia. Esto ha sido un fuerte incentivo para
que Artigas, en su afán de servicio a la Iglesia y a
la verdad, le consagrara una especial atención
consciente de su importancia. Dedicó un gran
esfuerzo a lo largo de su vida a aclarar pacientemente
qué había sucedido realmente, a deshacer
errores comunes y a tratar de ofrecer todos los elementos
históricos y epistemológicos necesarios para
poder hacer un juicio ecuánime y equilibrado de lo
que ocurrió. En sus escritos no se encuentra una
historia de buenos y malos sino las vicisitudes de un
personaje y de un episodio histórico complejo, como
es la aparición de un nuevo tipo de racionalidad, la
científica, que cambió el curso de la
historia y exigió una importante maduración
filosófica. En el tiempo en que vive Galileo dicha
reflexión filosófica estaba sólo
iniciándose.
Como hemos señalado, la “Teoría de
la Evolución” ocupó también un
amplio espacio en su producción intelectual desde su
inicio: Como ya ha sido mencionado, “Las fronteras
del evolucionismo” fue uno de sus primeros libros
publicados. El Darwinismo ha sido otro de los
ámbitos en los que se han producido frecuentes
fricciones entre distintas facciones contendientes. Se ha
presentado no pocas veces como un nuevo enfrentamiento
entre la Iglesia y la Ciencia. Mariano Artigas ha
contribuido a poner de manifiesto cómo la Iglesia,
con la experiencia del caso Galileo como telón de
fondo, ha tratado siempre las diversas propuestas
evolucionistas con exquisita prudencia. “Negotiating
Darwing” es un claro ejemplo en el que Mariano
Artigas, con sus dos coautores, muestran la
actuación prudente de la Iglesia en relación
con dicha teorías. Artigas examina el proceder de
las autoridades eclesiásticas frente a los escritos
de seis católicos evolucionistas de finales del
siglo XIX.
En “Oracles of Science” consigue, junto con
su coautor Karl Giberson, ofrecer un ejemplo de cómo
abordar las relaciones entre ciencia y fe en el estudio de
planteamientos que provienen de autores que se
sitúan al margen o incluso en contra de la fe. En
palabras de Juan Arana: “A mi juicio
Oráculos de la ciencia constituye una
aportación de primer nivel al campo de las
relaciones entre ciencia y religión, y no
sólo ni principalmente por la cuidada, completa y
ajustada exposición de los seis científicos
expuestos, sino porque los autores han conseguido dar con
una fórmula para discutir las connotaciones
religiosas de la ciencia que constituye todo un modelo a
seguir” 4
Pero a mi modo de ver, sus tres títulos
más significativos, donde Artigas recoge el
núcleo de su contribución a la
filosofía, están escritos con anterioridad a
los recientemente mencionados. Uno de ellos mereció
un premio de la fundación Templeton y recoge lo que
podríamos calificar como su síntesis de
madurez en relación con los temas que había
tratado hasta entonces con más profundidad:
epistemología, filosofía de la naturaleza y,
en especial, la relación entre ciencia y
religión. Lleva por título “La mente
del universo”. Fue publicado en castellano en 1999 y,
muy poco después, en el año 2000,
apareció en inglés publicado por la
fundación Templeton.
El cardenal Poupard escribe en el prólogo al
libro: “La religión podría parecer
estar ausente de la ciencia, pero no lo está.
Precisamente con este espíritu, Mariano Artigas
aborda en este libro el reto de construir una
conexión viable, un “puente” entre la
ciencia experimental y la religión en general. Se
trata de una tarea que no es fácil, especialmente si
se ha de respetar meticulosamente el carácter
específico de ambos campos y el desfase
metodológico que garantiza su autonomía
mutua. (…) El análisis de Artigas se
encuentra marcado por su sencillez y honestidad, pero
ciertamente no es superficial. De hecho, consigue construir
un puente filosófico que sirve para fundamentar,
sobre una base sólida, un diálogo genuino
entre ciencia y religión. Considerando la novedad de
su perspectiva, su valor intrínseco, y la fecundidad
de las perspectivas que abre para el lector, La mente
del universo puede considerarse no sólo una
contribución destacada, sino también un
avance importante en el área del diálogo
contemporáneo entre fe y ciencia” 5.
Los dos libros que, junto con el anterior, considero
más importantes por contener su contribución
más genuina a la epistemología y a la
filosofía de la naturaleza, respectivamente, son:
“Filosofía de la Ciencia Experimental”,
cuya primera edición fue publicada en el año
1989 y “La inteligibilidad de la Naturaleza”
del año 1992.
En “Filosofía de la Ciencia
Experimental” hace un detallado y fino
análisis de lo que constituye a la ciencia como tal:
su método y sus presupuestos filosóficos. Se
nota perfectamente cómo Artigas había paseado
por un edificio científico de tanta envergadura como
la Física. Es esta ciencia la que tiene
especialmente presente cuando va desarrollando cada uno de
los argumentos. Este conocimiento le permitió
adentrarse también en el interior de otras ramas de
la ciencia como es la Biología.
En este volumen Artigas dialoga principalmente con las
corrientes epistemológicas que nacen al principio
del siglo XX y con los autores más representativos
de esta misma época y posteriores. Trata de dar
respuesta al neopositivismo del Círculo de Viena y a
las oscilaciones entre planteamientos lógicos y
sociológicos encarnados principalmente por Popper y
Kuhn. Su perspectiva es esencialmente filosófica,
metafísica, podríamos decir. Pero consigue
ofrecer dicha perspectiva sin desconectarse, o mejor
aún, sumergiéndose en las contribuciones
más genuinas de los autores de este tiempo. Otro
libro que encierra el conocimiento que Artigas
poseía de los actores más importantes en el
debate epistemológico de esta época es
“El desafío de la racionalidad”, donde
hace una crítica de algunos de los autores
más destacados en este debate.
Artigas se nos muestra en este libro como un realista
convencido. Su realismo no es sentado por principio o
según un a priori, sino que busca que se imponga por
sí mismo al ir desgranando los entresijos del
método científico. Para conseguirlo,
clarifica en qué consiste la objetividad
científica y por qué podemos decir que la
ciencia llega a auténticas verdades, o dicho de otra
manera, que la ciencia es una empresa verdaderamente
cognoscitiva. En este punto es muy importante la
noción de “verdad contextual”,
desarrollada con amplitud en el texto y cuyo
análisis requeriría más espacio del
aquí disponible. Pienso que esta noción
constituye la piedra de toque de su realismo
científico y de su búsqueda por especificar
la verdad que se corresponde, de una manera ajustada, con
la ciencia. En este punto su propuesta es deudora y
acreedora a la vez, de una manera particular, del
pensamiento de Evandro Agazzi. Entre ambos llegó a
establecerse una sintonía intelectual muy especial.
Agazzi lo decía así recientemente: “
Además de esta profunda amistad, hubo también
una comunicación intelectual muy fecunda. De hecho,
todo lo que he oído aquí acerca del
pensamiento de don Mariano es resultado de una
interacción entre lo que él pensaba, lo que
yo pensaba… Él mismo, como siempre persona de
grandísima honestidad intelectual, lo menciona
explícitamente. Yo también tengo que
reconocerlo porque el desarrollo de mi pensamiento
también es resultado de haber discutido y
profundizado ciertos temas con don Mariano. Y por eso estoy
de acuerdo con casi todo en su manera de concebir la
ciencia, la filosofía, la religión y sus
relaciones” 6.
En “La inteligibilidad de la naturaleza”
busca hacer una descripción filosófica de la
naturaleza para la que su aportación en el libro
anteriormente comentado es clave. En este volumen da unidad
y consistencia a sus aportaciones principales, ya esbozadas
en otros escritos anteriores, a la filosofía de la
naturaleza. Nos ofrece una visión de la naturaleza
consistente de un tejido en el que se entrelazan entidades
y dinamismos, articulados entorno a pautas o patrones, en
una unidad cuya descripción desarrolla a lo largo
del libro. Es especialmente en esta obra donde queda
más claro su intento de recuperar las nociones de la
filosofía tradicional, pero asumiendo un punto de
partida más cercano a una mentalidad que se ha
formado a la sombra y con el impulso de la ciencia
contemporánea. No se le escapaba a Artigas que la
crisis de la metafísica, en cierta medida
consecuencia del cientificismo imperante, supone un serio
obstáculo tanto para la comprensión de la
misma actividad científica, como para una adecuada
comprensión de la naturaleza.
Es importante destacar en este punto la defensa que hace
de la existencia de una jerarquía real en el mundo
natural. Defender una jerarquía real en la
naturaleza lleva consigo implicaciones ontológicas.
Las consecuencias van siendo extraídas a lo largo de
las páginas de este libro y se van desplegando en
diálogo constante con un gran número de
importantes autores.
El planteamiento realista de su filosofía en
general, y de este libro en particular, le lleva, como una
consecuencia natural de su estudio, a enfrentarse con la
trascendencia del hombre respecto de la naturaleza, al
particular papel que juega la ciencia en este proceso y a
cómo el conocimiento de la naturaleza nos conduce, a
su vez, al conocimiento de lo que le trasciende: el ser
humano y Dios. Este ámbito es explorado en la
última parte de este libro y después, con
mayor detenimiento, en “La mente del
universo”.
Como hemos visto, la filosofía de Mariano Artigas
es de largo alcance e invita a que se le estudie de una
manera reposada y profunda. Los méritos de su
aportación no han pasado desapercibidos ni al gran
público, a quien dirigió gran parte de su
esfuerzo, ni a los especialistas. A los ya mencionados
encargos y distinciones otorgadas por diversos organismos
eclesiásticos, podríamos añadir el de
ser miembro de la Asociación Europea para el Estudio
de la Ciencia y la Teología; miembro correspondiente
de la Academia Internacional de Filosofía de las
Ciencias; profesor honorario de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos (Lima, Perú); y miembro del
comité que guía el proyecto "Science &
Human Values”. En 1995 recibió un premio de la
Fundación Templeton por su actividad docente en el
ámbito de las relaciones entre ciencia y
religión. Recientemente había sido nombrado
miembro de la Sociedad Internacional para Ciencia y
Religión, asociación que tiene su sede en la
Facultad de Teología de la Universidad de
Cambridge.
Como fruto de ese afán de servicio a la verdad y
de llegar a todo tipo de audiencias, en los últimos
años de su vida catalizó la formación
de un grupo de investigación interdisciplinar que
fue titulado por sus promotores “Ciencia,
razón y fe” (CRYF): el título de su
primer libro. El grupo cuenta ahora con una página
Web (http://www.cryf.org) que ha
alcanzado desde su inicio, en el año 2003, casi un
millón de visitas y cuyas actividades se han seguido
desarrollando y ampliando después de su muerte. En
la misma semana de su fallecimiento recuerdo mis dos
últimas entrevistas con él en la
Clínica de la Universidad de Navarra. En la primera
examinamos algunos puntos relativos a la reunión que
tendríamos los miembros del CRYF al día
siguiente. A pesar de la situación en la que se
encontraba, y siendo bien consciente de lo que
tenía, su cabeza estaba llena de proyectos para el
futuro. En la segunda siguió con atención el
informe que le di del desarrollo de la reunión:
falleció cuatro días después.
***
El Prof. Artigas falleció el 23 de diciembre de
2006 en la Clínica Universitaria de Pamplona, de
madrugada, a las 00:15. Cuando tres días antes el
médico le comunicó que no se podía
hacer nada más y que el desenlace era inminente le
respondió con gran serenidad que estaba preparado
tanto física como espiritualmente.
Termino con unas palabras pronunciadas por el rector de
la Universidad de Navarra en la intervención que
cerraba el acto académico in memoriam de
Mariano Artigas: “Ciertamente, el Profesor Artigas
tuvo la valentía de enfrentarse a cuestiones arduas
y complejas, que, a la vez, son relevantes para el hombre
de la calle y su visión de la persona y del mundo. A
menudo a contracorriente de la opinión
científica dominante, supo pensar y dialogar con los
mejores, en las fronteras últimas de la
Filosofía de la Ciencia, pertrechado con las armas
del rigor, la honradez y una perspicacia, todo hay que
decirlo, poco común, que no le impedía, por
cierto, ser muy sencillo” 7.
Notas
(1) Karol, M.,
Orden natural y persona humana. La singularidad y
jerarquía del universo según Mariano
Artigas, Eunsa, Pamplona 2000.
(2) Mons.
Sánchez de Toca, Acto académico in
memoriam del profesor Artigas celebrado el día
23 de noviembre de 2007 en la Universidad de Navarra.
Documento consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homams.pdf
[Consulta 27/12/2007].
(3) El
documento se publicó en el artículo «Un
nuovo documento sul caso Galileo: EE, f. 291 r-v»,
Acta Philosophica 10 (2001) 199-214.
(4) Juan Arana,
Acto académico in memoriam. Documento
consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homaja.pdf
[Consulta 27/12/2007].
(5) Mariano
Artigas, La mente del Universo , Eunsa 2000, pp.
15-16.
(6) Evandro
Agazzi, Acto académico in memoriam.
Documento consultado en línea en http://www.unav.es/cryf/homaea.pdf
[Consulta 27/12/2007].
(7)
Gómez Montoro, Ángel J. Documento consultado
en línea en http://www.unav.es/cryf/homaag.pdf
[Consulta 27/12/2007].
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