Semblanza de Michael Heller
Premio Templeton 2008
Javier Sánchez Cañizares
Publicado en Aceprensa, 25 de mayo de 2008
El premio Templeton, reconocimiento a una persona
viva que ha hecho contribuciones especialmente relevantes acerca de
la dimensión espiritual de la realidad a través de
sus investigaciones, ha sido concedido este año al sacerdote
polaco Michael Heller
Michał Kazimierz Heller (Tarnów 1936) es en la
actualidad profesor de filosofía en la Pontificia Academia
de Teología en Cracovia, en la cual lleva trabajando desde
1972 y decano la facultad de Teología de Tarnów.
Desde 1981 es miembro asociado del Observatorio Astronómico
Vaticano y desde 1991 pertenece a la Pontificia Academia de las
Ciencias.
Nacido en el seno de una familia profundamente creyente, Heller
y sus padres tuvieron que soportar la dominación alemana y
rusa, llegando a sufrir una deportación a Siberia durante
seis años. Aun después de volver a Polonia, su padre
padeció diversas persecuciones por parte de las autoridades
comunistas después de que el hijo decidiera entrar en el
seminario.
Heller estudió en la Universidad Católica de
Lublin y fue ordenado sacerdote en 1959. Es doctor en
Teología (1959), filosofía (1965) y física
(1966) por esta universidad. Desde los años sesenta
trabó relación con el arzobispo de Cracovia, Karol
Wojtyła, para participar en el grupo de discusión
interdisciplinar de ciencia, filosofía y teología
creado por el futuro Juan Pablo II. A pesar de la creciente fama de
Heller en Polonia y en el extranjero, no se le concedió la
posibilidad de salir del país hasta mediados los años
setenta, momento en que recibió la ayuda del ya cardenal
Wojtyła para la financiación de sus primeros
viajes.
El padre de Heller, ingeniero eléctrico y
mecánico, muy interesado durante toda su vida por las
cuestiones teóricas fundamentales, tuvo gran influencia en
la vocación investigadora del galardonado. Sin duda,
inspiró el amor a la ciencia a su hijo, quien durante
más de cuarenta años ha desarrollado una
exploración original sobre el origen y la causa del universo
y ha publicado varios libros y cientos de artículos sobre
relatividad general y cosmología, además de
filosofía, teología y las relaciones entre ciencia y
teología.
A lo largo de su carrera investigadora, el sacerdote polaco ha
trabajado en cuestiones como la unificación de la
relatividad general y la mecánica cuántica, las
teorías de multiversos y sus límites y los
métodos geométricos en física relativista,
así como en diversos aspectos de filosofía e historia
de la ciencia. No obstante, su campo específico de
investigación es el problema de la singularidad en
relatividad general. Heller trata de explicar la naturaleza
matemática de los varios tipos de singularidad que aparecen
en cosmología y acude al uso de geometrías no
conmutativas para lograr evitar el problema de una singularidad
cosmológica inicial en el origen del universo. Al mismo
tiempo, sostiene que la geometría no conmutativa
supondría un nivel de estructura física más
fundamental, capaz de ofrecer una descripción unificada de
las físicas relativista y cuántica.
No obstante, su continua preocupación por las cuestiones
fundamentales y sus esfuerzos por ofrecer una perspectiva unitaria
de la realidad, conocida por las ciencias y creada por Dios, han
sido sus valedores en último término para la
concesión del premio Templeton.
Heller siempre se ha mostrado partidario de hacer
filosofía en el contexto de la ciencia. Buen conocedor de la
filosofía clásica desde sus años de
formación inicial, se fue convenciendo de que no
podía darse una filosofía de la naturaleza separada
de las ciencias naturales y la consideración
filosófica del método científico, hasta el
punto de considerar que la estructuras de la física
matemática actual no son una mera construcción
teórica para poder realizar ciertas predicciones, sino que
revelan la estructura del mundo
Según Heller, la importancia de las matemáticas en
la ciencia actual es enorme. La física básica resulta
ser una física matemática. Es una ciencia de la
estructura, de cómo elementos particulares de estructuras
idénticas pueden deducirse a partir de otros y cómo
las estructuras se relacionan unas con otras por medio de diversos
tipos de inferencia. Mediante ellas, las matemáticas,
podemos penetrar en la estructura interna del universo, que resulta
de otro modo inaccesible para el ojo humano.
Así, “la naturaleza resulta modelada con la ayuda
de estructuras formales, y la esencia de las estructuras formales
(...) es que están compuestas por una completa
jerarquía de conexiones esenciales y no esenciales. (...) Se
llega a un conocimiento relevante de la naturaleza no pensando en
la naturaleza de la existencia sino a través de los modelos
matemáticos de lo que puede ser medido”. Por ello, la
actual filosofía de la naturaleza debería ser hoy
filosofía de la cosmología relativista. A causa de
las necesarias extrapolaciones e interpretaciones de las diferentes
teorías, la cosmología interpela e implica a la
filosofía.
Heller rechaza la dicotomía entre teoría y
experiencia, así como el aislamiento metodológico,
que enfatiza la desemejanza de las áreas de conocimiento
científico, filosófico y teológico, en vez de
acentuar su profunda unidad fundamental. Para él, sin
perjuicio de la autonomía de cada ciencia, el método
científico no es algo monolítico; necesitamos
reflexionar continuamente sobre el mismo. Tiene sus límites,
pero pueden ser superados con el avance epistemológico. Es
en la cosmología actual donde se manifiesta más
claramente la inestabilidad de la frontera entre ciencia,
filosofía y teología.
A partir de la supremacía de una superestructura
matemática ideal (un campo formal o campo de
‘racionalidad’) sobre la materia, su pensamiento
conduce a la idea tradicional de un Dios trascendente que, por otra
parte, es el origen creador, el fundamento del ser, del que surge
el espacio-tiempo del mundo creado. Heller explica su
posición así en la conferencia de recepción
del premio: “Los procesos del universo pueden ser
visualizados como una sucesión de estados de modo que el
estado precedente es causa del siguiente (...). Hay siempre una ley
dinámica que prescribe cómo un estado genera otro.
Pero las leyes dinámicas se expresan en la forma de
ecuaciones matemáticas; por ello, si nos preguntamos acerca
de la causa del universo, deberíamos preguntarnos sobre la
causa de las leyes matemáticas. Haciendo eso, volvemos al
gran proyecto de Dios pensando el universo, la cuestión
sobre la causalidad última (...): ‘¿Por
qué hay algo en vez de nada?’ Al preguntarnos esta
cuestión, no estamos preguntando por una causa como las
demás. Nos estamos preguntando por la raíz de todas
las posibles causas”.
Con su trabajo, el sacerdote polaco ha relanzado la
discusión sobre la necesidad de una causa para el universo y
sitúa la concepción cristiana tradicional sobre el
mismo dentro de un contexto cosmológico más amplio.
Es uno de los iniciadores de lo que podemos llamar en la actualidad
‘teología de la ciencia’. Heller ha manifestado
su deseo de dedicar la cuantiosa dotación económica
del premio a la creación del centro
‘Copérnico’, en unión con la Universidad
Jagelónica y la Pontificia Academia de Teología de
Cracovia, para la investigación y la educación en
ciencia y teología como disciplina académica
propia.
Bibliografía
http://www.obi.opoka.org/heller/mhWszolekEN.pdf
http://www.templetonprize.org/bios.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Heller
http://www.tendencias21.net/Michael-Heller,-Premio-Templeton-2008-por-sus-investigaciones-sobre-el-Universo_a2153.html
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