Evolucionismo y
cristianismo
Mariano Artigas
Zaragoza, 1997 Texto inédito.
En la actualidad,
científicos y teólogos suelen admitir que
entre evolución y creación, no hay
contradicción, y que la evolución tampoco
se opone a la espiritualidad humana. Francisco J. Ayala,
en su libro "La teoría de la evolución. De
Darwin a los últimos avances de la
genética" (Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1994)
explica que la creación a partir de la nada "es
una noción que, por su propia naturaleza, queda y
siempre quedará fuera del ámbito de la
ciencia", y añade que "otras nociones que
están fuera del ámbito de la ciencia son la
existencia de Dios y de los espíritus, y cualquier
actividad o proceso definido como estrictamente
inmaterial" (pág. 147). Por otra parte, Ayala
recoge la opinión de los teólogos
según los cuales "la existencia y la
creación divinas son compatibles con la
evolución y otros procesos naturales. La
solución reside en aceptar la idea de que Dios
opera a través de causas intermedias: que una
persona sea una criatura divina no es incompatible con la
noción de que haya sido concebida en el seno de la
madre y que se mantenga y crezca por medio de
alimentos... La evolución también puede ser
consideada como un proceso natural a través del
cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de
acuerdo con su plan" (págs. 21-22). Ayala
añade que la mayoría de los escritores
cristianos admiten la teoría de la
evolución biológica. Menciona que el Papa
Pío XII, en un famoso documento de 1950,
reconoció que la evolución es compatible
con la fe cristiana. Y que el Papa Juan Pablo II, en un
discurso de 1981, ha repetido la misma idea.
Algunos fundamentalistas
cristianos se oponen a la evolución. Se trata de
unas minorías protestantes muy activas en Estados
Unidos. Ayala alude a este problema, que conoce bien,
porque esos grupos han ejercido acciones legales para
implantar sus ideas acerca de la enseñanza de la
evolución en la escuela, y Ayala ha debido
intervenir en esos procesos para clarificar qué
corresponde a la ciencia y qué a la
religión. Afirma al respecto: "Los
antievolucionistas estadounidenses siguen buscando el
modo de impedir la enseñanza de la teoría
de la evolución, a la que todavía
consideran como antirreligiosa, en vez de simplemente 'no
religiosa', como lo es cualquier otra teoría
científica" (pág. 24).
En abril de 1985, La
Universidad de Munich organizó en Roma un Simposio
internacional sobre "La fe cristiana y la teoría
de la evolución". El Papa Juan Pablo II, en la
alocución que dirigió a los participantes,
dijo que "el debate en torno al modelo explicativo de
evolución no encuentra obstáculos en la fe,
con tal que la discusión permanezca en el contexto
del método naturalista y de sus posibilidades".
Después de recoger textualmente el pasaje donde
Pío XII, en la encíclica "Humani generis"
de 1950, afirmaba la compatibilidad del cristianismo con
el origen del cuerpo humano a partir de otros vivientes,
prosiguió con estas palabras: "no se crean
obstáculos a partir de una fe rectamente
comprendida en la creación o de una
enseñanza, correctamente entendida, del
evolucionismo: la evolución, en efecto, presupone
la creación; la creación, en el contexto de
la evolución, se plantea como un acontecimiento
que se extiende en el tiempo -como una creación
continua-, en la cual Dios se hace visible a los ojos del
creyente como Creador del Cielo y de la Tierra" (El texto
de esa alocución, del 26 de abril de 1985, se
encuentra en "Documentos Palabra", DP-122, 1985, p.
147).
En un mensaje dirigido a la
Academia Pontificia de las Ciencias el 22 de octubre de
1996, Juan Pablo II afirmó que la teoría de
la evolución es hoy día algo más que
una hipótesis, y añadió que una
interpretación filosófica de la
evolución que no deje lugar para las dimensiones
espirituales de la persona humana chocaría con la
verdad acerca de la persona y sería incapaz de
proporcionar el fundamento de su dignidad ("L'Osservatore
Romano", 24 de octubre de 1966, págs. 6-7).
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