Los ciclos del tiempo
Una nueva visión extraordinaria del Universo
Javier Sánchez Cañizares
Reseña de: Roger Penrose, Cycles of Time. An Extraordinary New View of
the Universe, The Bodley Head, London 2010, 304 pp, ISBN
978-0-224-08036-1
Versión ampliada de la reseña publicada en
Anuario Filosófico 44/2 (2011), 416-418.
La existencia de la Segunda Ley de la Termodinámica es
uno de los mayores enigmas de la física actual. La
evolución del universo conlleva un aumento de la
entropía que no se deduce de las leyes fundamentales de la
física que actualmente conocemos ni puede ser explicada a
partir de argumentos meramente estadísticos. La Segunda Ley
distingue entre tiempo pasado y futuro.
Roger Penrose es un maestro a la hora de enfrentarse con esta
paradoja y conducirnos hasta sus raíces más
profundas: la existencia de la Segunda Ley tiene que ver con la
cosmología y, concretamente, con el carácter especial
—desde el punto de vista de la física— del
Big-Bang. Contrariamente a lo que visiones superficiales de la sopa
cósmica pueden sugerir, los estados iniciales del universo
se caracterizaron por una gran uniformidad en la
distribución de materia, lo que supuso una entropía
excepcionalmente baja en comparación con la actual.
Curiosamente, casi ninguno de los modelos cosmológicos
“pre-Big-Bang” (aquellos que postulan un universo
anterior a la gran explosión inicial que dio lugar al que
actualmente conocemos) suele entrar en la discusión del
problema fundamental que plantea la Segunda Ley. El autor de
“El camino a la realidad” sí lo hace,
presentando en Cycles of Time una explicación del universo
que afronta el problema de la entropía.
Penrose “explora” la física anterior al Big
Bang desde una perspectiva esencialmente geométrica,
aprovechando la invariancia de escala de los espacios cuya
topología viene determinada únicamente por los conos
de luz de cada punto del espacio-tiempo. En concreto, sugiere
“que el universo en su conjunto debe ser visto como una
variedad conforme extendida, que consiste en una sucesión
(eventualmente infinita) de eones, cada uno de los cuales da lugar
a una historia completa de universo en expansión” (p.
147). Es lo que denomina “cosmología cíclica
conforme” (CCC).
Dicha propuesta no necesita de las especulaciones de una
teoría cuántica de la gravedad —hoy por hoy
desconocida—, pues cada Big-Bang (que tendrá lugar en
la transición de un eón a otro) se trataría de
un modo esencialmente clásico, con ecuaciones diferenciales
deterministas similares a las que gobiernan el comportamiento de
los sistemas dentro del marco de la relatividad general (cf. p.
204).
La estrecha relación entre la Segunda Ley, los grados de
libertad gravitatorios y el Big-Bang prohíben una
continuación hacia atrás del primero semejante a un
rebote espacio-temporal, ya sea clásico o cuántico.
La CCC, sin embargo, postula una transición
geométrica suave entre eones mediante un cambio de escala
que deja invariante la topología conforme del
espacio-tiempo. Ahora bien, ¿cómo consigue la CCC ser
compatible con una Segunda Ley que implica un aumento continuo de
entropía de un eón a otro? La solución de tal
problema es la cuestión central del libro (cf. p. 174).
La clave de la solución reside en los agujeros negros
—los objetos del universo que contienen una mayor
entropía— y su proceso de evaporación a causa
de la radiación de Hawking. Lo que Penrose propone es que
los agujeros negros sean grandes sumideros de
entropía. Aquellos “lugares” ideados por la
naturaleza para redimensionar su incremento, de manera que,
según la CCC, se pueda realizar una transición suave
del final de un eón al comienzo de otro. En el proceso de
evaporación de cada agujero negro tendría lugar una
pérdida de grados de libertad, de forma que el espacio de
las fases se hace mucho más pequeño de lo que era al
principio (cf. p. 186). Esta destrucción de
información hace que la entropía según la
definición de Boltzmann resulte redimensionada sin que se
produzca una violación de la Segunda Ley (cf. pp.
188-189).
Indudablemente, la propuesta de Penrose plantea una larga serie
de interrogantes de difícil respuesta. Acerca de la
propuesta en sí, hay que decir en primer lugar que no hay
consenso entre los expertos acerca de una destrucción de
grados de libertad en el interior de los agujeros negros. Para
estas singularidades del espacio-tiempo sí que es necesaria
una teoría cuántica de la gravedad que, hoy por hoy,
está fuera de nuestro alcance. Por otro lado, la viabilidad
de la CCC requiere que ninguna partícula con una masa en
reposo distinta de cero dure eternamente (cf. p. 180).
Habría de darse un proceso de decaimiento de la masa en
reposo que resulta más que discutible con los actuales datos
experimentales (cf. p. 212).
Cabe preguntarse además por la interpretación
física de la transición entre eones. En particular,
por el significado geométrico de que existan una temperatura
y una densidad extremadamente altas en cada Big-Bang. Penrose
parece resolver este problema de manera geométrica, mediante
los procedimientos de ajuste de escala que permite la
geometría conforme (cf. pp. 148-149). Esto es lícito
pero incompleto, pues falta una descripción física
del proceso.
Hay por último una serie de preguntas que no obtienen
respuesta dentro de la obra. Por ejemplo, ya que la
reducción de entropía parece darse en cada agujero
negro, dentro de un eón y no en su transición a otro:
¿es posible comparar entropías entre dos eones? Si es
así, ¿sigue creciendo la entropía? No hay que
olvidar que el volumen del espacio de las fases resulta invariante
ante la CCC (p. 148). Penrose consigue presentar un escenario de
sucesión de eones que podría ser compatible con la
Segunda Ley y respetuoso con la causalidad relativista, pues no
admite líneas temporales cerradas. Pero, aunque
eventualmente estuviésemos dando un paso adelante en la
comprensión del universo según la CCC, no se ha
resuelto el problema del origen físico de la Segunda Ley.
Dicho de otro modo, sigue siendo un enigma para la física el
problema de la flecha del tiempo y del crecimiento de la
entropía.
Estas objeciones no quitan brillantez a una propuesta que tiene
el mérito de presentar un posible test experimental de
sí misma. Los impactos entre agujeros negros en el
eón previo serían los causantes últimos de las
irregularidades en la distribución de energía que se
observa en nuestro universo actual (cf. pp. 212ss). Un
análisis estadístico apropiado de las fluctuaciones
de la radiación de fondo de microondas (CMB) debería
ser capaz de discernir si dichas fluctuaciones se deben a este tipo
de choques o tienen otro origen. En concreto, CCC predice un
esquema circular para las perturbaciones básicas en la CMB,
pero la presencia de curvatura de Weyl en el universo distorsiona
las formas circulares. El análisis experimental de los datos
que se tienen ofrece resultados aún muy preliminares.
Cycles of Time es una obra valiente, que busca ir más
allá de la teoría del Big-Bang desde un punto de
vista científico. Ciertamente, su propuesta es altamente
especulativa. Penrose es un matemático que apuesta por una
interpretación geométrica de las realidades
fundamentales, por lo que su teoría puede sorprender a los
que aún mantienen una visión naïve de la
metodología que sigue la actual física
teórica. Sin embargo, la CCC mantiene un alto nivel de
coherencia interno, respetando la mayoría de los
requerimientos que deben satisfacer las teorías
cosmológicas actuales, según los datos de que
disponemos.
La propuesta de Penrose no explica la Segunda Ley, pero es capaz
de sortearla parcialmente gracias a su redefinición esos
sumideros cósmicos —ya no solo de luz y materia, sino
también de grados de libertad— llamados agujeros
negros. El universo recomenzaría una y otra vez de manera
respetuosa con la Segunda Ley, que no llega a hacerse
cancerígena. Los agujeros negros —mediante esta
limpieza de información— curan a cada eón del
riesgo de ser el último de su especie. No obstante, aunque
Penrose calla sobre ello, parece difícil escapar a un
crecimiento global de la entropía entre eones.
En el haber de Penrose hay que señalar también la
distinción fundamental en el modo de entender el Big-Bang
frente a las incompletas cosmologías inflacionarias. Estas
últimas fían todo a los efectos de la gravedad
cuántica, pero no dan razón del problema de la
existencia de la Segunda Ley. Para Penrose, sin embargo, hay una
diferencia física básica entre la curvatura de Weyl y
la de Ricci en la geometría del espacio-tiempo, que permite
que el Big Bang pueda ser tratado clásicamente si la
curvatura de Weyl es nula o finita. Esto le permite avanzar una
teoría cosmológica pre-Big-Bang que, en principio, se
puede refutar experimentalmente.
Más allá de su alto grado de especulación
físico-matemática y las preguntas que quedan sin
responder, Penrose tiene el mérito de presentar al final del
libro una predicción concreta de la CCC en relación
con el análisis estadístico de los datos de la CMB,
que se revela prioritario para la cosmología actual. Pero
Penrose tiene además el mérito añadido de no
realizar afirmaciones de carácter filosófico, que
estarían fuera de lugar en este tipo de obra. A pesar de que
esto le haga ser menos mediático que otros
científicos, le hace sin duda aumentar su merecido prestigio
como investigador que busca una explicación del universo y
la entropía.
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