Grandes debates entre
ciencia y religión
Mariano Artigas
Seminario del Grupo Interdisciplinar Ciencia,
razón y fe (CRYF)
Pamplona, 3 de marzo de 2005
Texto inédito.
(1)
Índice
1. La tesis del conflicto: Draper y White
2. El caso Galileo
- 2.1. Los descubrimientos astronómicos y el
viaje a Roma en 1611
2.2. La condena del Copernicanismo en 1616
2.3. Urbano VIII y el argumento de la omnipotencia
divina
2.4. El proceso de 1633
3. El origen de la ciencia moderna
4. Ciencia y religión hoy: los oráculos de
la ciencia
- 4.1. Stephen Jay Gould y NOMA
4.2. Edward O. Wilson y la unidad del conocimiento
4.3. Stephen Hawking y el origen del universo
4.4. Peter Atkins y los límites de la ciencia
4.5. Richard Dawkins y el capellán del diablo
4.6. Carl Sagan y el cosmos
4.7. Steven Weinberg y el problema del mal
5. Ciencia y religión en diálogo
Hasta el siglo 19 nadie se planteaba que hubiera un
conflicto entre ciencia y religión. Los pioneros
de la ciencia moderna eran personas religiosas, y el
mismo Galileo siempre se consideró
católico. El avance de ideologías de tipo
cientificista y materialista en la segunda mitad del
siglo 18 llevó a las ideologías
anti-religiosas del siglo 19, entre las que destacaron el
positivismo y el marxismo. En este ambiente se
formuló la tesis del conflicto entre ciencia y
religión.
1. La tesis del conflicto: Draper y White
Dos libros publicados en los Estados Unidos en la
segunda mitad del siglo 19, y traducidos en todo el
mundo, formularon y defendieron la tesis del conflicto,
según la cual a lo largo de la historia ha
existido un continuo conflicto entre ciencia y
religión. El primer libro, más breve, de
John Willian Draper, publicado en 1864
(2) , tuvo numerosas ediciones también en
España. El segundo, más amplio, fue
publicado por Andrew Dickson White en 1896
(3) . Ambos libros han sido muy influyentes y se
siguen publicando en la actualidad, contribuyendo a la
persistencia de la tesis del conflicto
(4) .
La tesis del conflicto se difundió ampliamente,
pero es falsa. Se puede comprobar viendo lo que Draper y
White dicen sobre el caso Galileo, que sin duda es el
caso más importante de colisión entre
ciencia y religión. Tanto Draper como White tratan
del caso Galileo. Draper comete serias inexactitudes:
afirma que el libro de Copérnico demostró
la verdad del heliocentrismo, lo cual es falso
(5) ; que los descubrimientos astronómicos de
Galileo fueron denunciados y atacados por la
religión, cuando en realidad fueron aceptados y,
en su viaje a Roma en 1611, Galileo fue homenajeado
triunfalmente por esos descubrimientos por parte de los
eclesiásticos
(6) ; dice que los jueces de Galileo sabían
que Galileo tenía razón, y que Galileo
estuvo en prisión, todo lo cual es igualmente
falso
(7) . White presume de establecer sus afirmaciones
sobre documentos recientemente publicados, pero
también comete serios errores: presenta sin
razón los descubrimientos astronómicos de
Galileo como si hubieran provocado una seria
reacción por parte de los eclesiásticos
(8) , y, de nuevo falsamente, afirma que Galileo fue
repetidamente amenazado con la tortura y estuvo en
prisión
(9) .
La tesis del conflicto sigue estando en el ambiente.
Sin embargo, los estudiosos están de acuerdo en
que es falsa y no corresponde a los hechos
históricos. La relación entre ciencia y
religión ha sido muy amplia, variada y compleja en
las diversas épocas, y con frecuencia ha sido
positiva. Puede verse, por ejemplo:
John H. Brooke, Science and Religion: Some
Historical Perspectives (Cambridge: Cambridge
University Press, 1991).
C. A. Russell, The Conflict of Science and Religion,
en: Science and Religion. A Historical
Introduction, editado por G. B. Ferngren (Baltimore:
The Johns Hopkins University Press, 2002), pp. 3-12.
D. B. Wilson, The Historiography of Science and
Religion, in: Science and Religion. A Historical
Introduction, editado por G. B. Ferngren (Baltimore:
The Johns Hopkins University Press, 2002), pp. 13-29.
2. El caso Galileo
El caso Galileo sigue siendo el ejemplo
paradigmático de la presunta oposición
entre ciencia y religión. Sin embargo, con
demasiada frecuencia se presenta envuelto en serias
inexactitudes, lo cual se explica porque se suele
utilizar con motivaciones partidistas para atacar a la
Iglesia, pero también porque se trata de un caso
muy largo y complejo, que con frecuencia es mal conocido
incluso por autores católicos. Se encuentra una
exposición amplia y al mismo tiempo clara en el
libro: William R. Shea y Mariano Artigas, Galileo en Roma
(Ediciones Encuentro, Madrid), Galileo in Rome (Oxford
University Press, New York) (están anunciadas
próximas ediciones en italiano, alemán,
japonés y coreano). Vamos a ver algunos aspectos
centrales del caso.
2.1. Los descubrimientos astronómicos y el
viaje a Roma en 1611
En 1609-1610 Galileo realizó los grandes
descubrimientos astronómicos que le hicieron
famoso, utilizando el telescopio. Tenía 45
años
(10) . En 1611 hizo un viaje a Roma
(11) , con objeto de conseguir que sus
descubrimientos, publicados en su libro Sidereus Nuncius
(El mensajero de los cielos)
(12) , fueran reconocidos en la capital del
catolicismo. Lo consiguió plenamente. Fue un viaje
casi oficial. Como primer matemático y
filósofo del Gran Duque de Toscana vivió en
el Palazzo Firenze, donde vivía el embajador de
Toscana en Roma
(13)
(14)
(15) , tuvo muchas reniones con todo tipo de
personajes para que observaran sus descubrimientos con el
telescopio, recibió un homenaje público en
el Colegio Romano de los jesuitas
(16)
(17) , y fue recibido por el Papa Paulo V.
Los descubrimientos de Galileo (irregularidades de la
Luna, los cuatro satélites de Júpiter, la
multitud de estrellas, las fases de Venus, el entorno de
Saturno) planteaban serias dificultades al geocentrismo
de Ptotomeo y Aristóteles, generalmente admitido
en la época. Pero no demostraban la verdad del
heliocentrismo de Copérnico. Cabía la
solución intermedia de Tycho Brahe, que
seguía colocando a la Tierra inmóvil en el
centro del mundo, al Sol (y a la Luna) girando alrededor
de la Tierra, y a los planetas girando alrededor del Sol.
Pronto surgieron críticas, sobre todo por parte de
profesores aristotélicos de la Universidad.
Pronto, también, los adversarios de Galileo
introdujeron argumentos teológicos, diciendo que
el heliocentrismo contradecía la
interpretación literal y tradicional de una serie
de pasajes de la Sagrada Escritura.
2.2. La condena del copernicanismo en 1616
Sin embargo, pronto surgieron problemas, en parte
debido a la oposición de algunos
aristotélicos, y en parte porque se fue
advirtiendo que Galileo utilizaba sus descubrimientos
para argumentar a favor del heliocentrismo. Pronto,
también, algunos de los oponentes de Galileo
empezaron a utilizar argumentos sacados de la Escritura
para oponerse al heliocentrismo
(18) .
El primer oponente fue Ludovico delle Colombe, en
Florencia, del que se sabe poco. Galileo no le hizo caso.
Llamaron a su grupo los pichones, porque en italiano
colomba (plural colombe) significa paloma. Este grupo se
propuso involucrar a algún eclesiástico que
se opusiera a Galileo, y parece que lo consiguieron.
Primero el dominico Nicolò Lorini, profesor de
historia, hizo comentarios críticos. Luego, el
también dominico Tommaso Caccini predicó
desde el púlpito de Santa Maria Novella, una de
las principales iglesias de Florencia. Por fin, el 25 de
febrero de 1615, Lorini envió una denuncia contra
Galileo a Roma, y el Santo Oficio comenzó una
investigación. Lorini adjuntó copia de una
larga carta de Galileo a Benedetto Castelli, donde
Galileo defendía que el copernicanismo era
compatible con la doctrina católica. Caccini se
presentó voluntariamente para declarar en el Santo
Oficio de Roma.
Las acusaciones no eran demasiado serias, y la
investigación procedía lentamente. A pesar
de ser secreta, Galileo supo que había sido
denunciado, y fue a Roma con el propósito de
defenderse y de evitar la condena del copernicanismo
(19) . Más bien consiguió lo contrario.
Mientras tanto, Galileo había ampliado su carta a
Castelli, resultando la famosa carta a la Gran Duquesa
Cristina de Lorena, madre del Gran Duque de Toscana, pero
esa carta no fue publicada debido a las
circunstancias.
Quizás temeroso de la actividad desplegada por
Galileo en Roma, el Santo Oficio pidió la
opinión de once teólogos, quienes
unánimemente dictaminaron que el copernicanismo
era una doctrina falsa y contraria a la doctrina
católica. El 5 de marzo de 1616 la
Congregación del Índice publicó un
decreto por el que se incluían en el Índice
de libros prohibidos el libro de Copérnico y todos
los libros que defendieran el copernicanismo, que era
calificado como doctrina falsa y contraria a la Sagrada
Escritura (no se llegaba a calificarla como
herética). Previamente, el 26 de febrero,
siguiendo instrucciones del Papa, el cardenal Roberto
Belarmino comunicó a Galileo que debía
abandonar esa doctrina. Galileo se mostró
dispuesto, y fue recibido por el Papa Paulo V el 11 de
marzo
(20) . El 26 de mayo, a petición de Galileo,
el cardenal Belarmino le proporcionó un escrito de
su puño y letra explicando que Galileo no
había tenido que abjurar nada, sino que solamente
se le había comunicado la prohibición del
copernicanismo.
2.3. Urbano VIII y el argumento de la omnipotencia
divina
Desde 1616 Galileo se abstuvo de defender el
copernicanismo. Pero en 1623 fue elegido Papa el cardenal
Maffeo Barberini, amigo y admirador de Galileo.
Según parece, junto con otro cardenal, se
había opuesto con éxito en 1616 a que el
copernicanismo fuera calificado como herético por
la Congregación del Índice, y posiblemente
Galileo lo sabía, aunque lo consideraba como una
doctrina temeraria. Amante de las letras y las artes, el
nuevo Papa Urbano VIII dejó amplia huella en la
ciudad de Roma
(21)
(22) .
Urbano VIII tenía una idea propia sobre el
valor del copernicanismo
(23) . Pensaba que nunca nadie podría
demostrar que es una teoría verdadera, porque Dios
es infinitamente sabio y poderoso, y podría hacer
que los mismos efectos que pretendemos explicar mediante
el copernicanismo quizás sean en realidad efectos
de otras causas que desconocemos. Si eso se niega,
argumentaba, estaríamos negando la omnipotencia de
Dios.
Se trata de un argumento estrictamente
teológico. Sin embargo, tiene algún
paralelismo con un argumento muy usado en la
epistemología del siglo XX y en la actualidad: la
indeterminación de las teorías por los
hechos. Se argumenta actualmente que, por muchos hechos
que parezcan confirmar una teoría, nunca podemos
estar seguros de que la teoría sea verdadera, pues
siempre es posible encontrar otras teorías que
expliquen los mismos hechos. No se trata de colocar, como
algunos han pretendido, a Urbano VIII como precursor de
la epistemología moderna. Pero el argumento, en el
fondo, es muy antiguo y se remonta a la Grecia antigua:
tradicionalmente se consideraban las teorías
astronómicas como instrumentos para salvar las
apariencias (los fenómenos observables), aunque se
dudaba que pudiera decirse que son verdaderas. El
problema sigue siendo complejo. Por otra parte, en la
actualidad sabemos que ni la Tierra ni el Sol
están quietos ni en el centro del universo, y que
sólo podemos observar y medir movimientos
relativos de unos cuerpos con respecto a otros, aunque
tiene sentido seguir diciendo que la Tierra no
está quieta y que gira alrededor del Sol.
Con el nuevo Papa y varios amigos colocados en puestos
influyentes cerca de él, Galileo se animó a
escribir un libro en el que defendería el
heliocentrismo, aunque lo presentaría en forma de
un diálogo entre varios personajes donde se
discutirían los argumentos a favor y en contra,
dejando el problema sin resolver: el lector inteligente
ya sabría hacia dónde decantarse.
2.4. El proceso de 1633
En 1630 Galileo viajó a Roma con el manuscrito
de su nuevo libro, el Diálogo sobre los dos
grandes sistemas del mundo, el tolemaico y el
copernicano, con objeto de conseguir permiso del
Vaticano para imprimirlo en Roma. Después der
largas y complejas gestiones, finalmente lo
publicó en 1632 en Florencia. El Papa Urbano VIII
daba por supuesto que Galileo se limitaba a argumentar de
modo hipotético, o sea, sin atribuir un sentido
realista al heliocentrismo.
En verano de 1632 llegaron noticias a Florencia de que
el Papa estaba preocupado con el nuevo libro.
Probablemente los adversarios de Galileo le habían
convencido de que Galileo argumentaba a favor de la
verdad del heliocentrismo (lo cual era cierto), y
añadieron otras acusaciones, por ejemplo que
Galileo presentaba el argumento de la omnipotencia divina
al final del libro pero lo ponía en boca de
Simplicio, el aristotélico que siempre quedaba en
ridículo. Lo cierto es que Urbano VIII se
enfadó mucho con Galileo. Nombró una
comisión para que estudiara el caso, y finalmente
el Santo Oficio llamó a Galileo a Roma.
Galileo llegó a Roma el 13 de febrero de 1633.
Gracias a los buenos oficios del embajador de Toscana en
nombre del Gran Duque, recibió un tratamiento
especial. Se le permitió residir en Palazzo
Firenze, la residencia del embajador. Fue llamado a
declarar por vez primera el 12 de abril
(24) . Pensaba defender su posición, pero el
embajador le aconsejó que no lo hiciera, y que se
sometiera al tribunal, mostrando la disposición de
obedecer en todo. Asi lo hizo. El proceso se
centró solamente en un punto: las órdenes
que Galileo había recibido en 1616 de abandonar y
no defender el heliocentrismo. Aconsejado por el tribunal
a reconocer su culpa, Galileo admitio que, movido
quizás por la vanidad, veía que
había otorgado a los argumentos a favor del
heliocentrismo más fuerza de la que en realidad
tenían. El 16 de junio el Santo Oficio, bajo la
presidencia del Papa, decidió condenar a Galileo a
prisión, incluir su libro en el Índice de
libros prohibidos, y que Galileo abjurara en presencia de
los cardenales del Santo Oficio (los interrogatorios
habían sido llevados solamente por el Comisario
del Santo Oficio con dos ayudantes). La lectura de la
sentencia (firmada por los cardenales, no por el Papa) y
la abjuración delante de los cardenales tuvieron
lugar en el convento de Santa Maria sopra Minerva, el 22
de junio.
Galileo no estuvo en la cárcel. Durante el
proceso vivió en Palazzo Firenze. En los
días en que debió permanecer en el Santo
Oficio le fue asignada la estancia de uno de los
oficiales. La condena a prisión fue conmutada
inmediatamente por reclusión el la Villa Medici,
una de las mejores villas de Roma, propiedad del Gran
Duque de Toscana
(25)
(26)
(27) . Al cabo de pocos días se le
permitió trasladarse a Siena, donde estuvo hasta
diciembre como huésped de su amigo el arzobispo de
Siena. A finales de diciembre se le permitió
trasladarse a la villa que poseía en las afueras
de Florencia, donde permaneció en reclusión
domiciliaria hasta su muerte.
Galileo no fue torturado. Después del proceso
siguió trabajando, y publicó su obra
más importante, los Discursos y demostraciones
en torno a dos nuevas ciencias, en 1638. Murió
de muerte natural el 8 de enero de 1642, a los 78
años de edad.
En nuestra época, el caso Galileo ha sido
repetidamente lamentado por las autoridades de la
Iglesia. Dejando de lado interpretaciones demasiado
unilaterales que echan la culpa a Galileo de lo sucedido
(diciendo que no tenía pruebas concluyentes del
heliocentrismo, lo cual es cierto, o que el conflicto se
debió a su temperamento, lo cual es sólo
cierto en parte), o que presentan a la Iglesia como
perseguidora de la ciencia (lo cual carece de base), un
examen detenido del caso Galileo muestra que es muy
complejo, ya que en su desarrollo intervinieron muchas
circunstancias diversas.
3. El origen de la ciencia moderna
El caso Galileo no puede ser considerado como
paradigma de un conflicto que necesariamente
debería producirse entre ciencia y
religión. Por el contrario, muchos autores, como
Alfred North Whitehead
(28) , han puesto de relieve que el cristianismo
actuó como factor positivo en el nacimiento de la
ciencia moderna, que tuvo lugar en la Europa cristiana de
los siglos XVI y XVII. Stanley Jaki ha tratado
ampliamente este tema
(29) . La tesis del conflicto ha sido criticada en
nuestros días desde perspectivas tan diversas como
la del agnóstico Stephen Jay Gould
(30) .
4. Ciencia y religión hoy: los
oráculos de la ciencia
A pesar de todo, la idea de que existe una
oposición entre ciencia y religión sigue
viva. Esto se explica en parte porque, si bien muchos
científicos son personas religiosas, algunos
sostienen ideas extremas que producen un gran impacto en
la opinión pública. Esas ideas van
acompañadas por un notable talento para la
divulgación, lo cual convierte a esos
científicos en una especie de oráculos de
la ciencia, porque a los ojos de muchos representan lo
que la ciencia, con toda su autoridad, dice sobre la
religión hoy día. Veamos siete ejemplos,
que muestran también la diversidad de posiciones
que existen entre esos científicos cuando abordan
los temas relacionados con la religión
(31) .
4.1. Stephen Jay Gould y NOMA
Stephen Jay Gould fue uno de los científicos
más populares de la segunda mitad de siglo veinte.
Nació en 1941, y murió de cáncer en
2002. Publicó 25 libros, bastantes de los cuales
fueron best sellers. Es una personalidad que no
deja indiferente. No es fácil imaginar a un
judío agnóstico, científico
célebre y profesor de la Universidad de Harvard,
cantando en un coro El Mesías de
Händel. Esa persona era Gould. Cuando llegaba
aquello de «caiga su sangre sobre nosotros y
nuestros hijos¼, pedía al director del coro
que parara y le dejara hablar, y en medio minuto
explicaba a sus compañeros que aquello molestaba a
los judíos; después de esta
aclaración, seguía cantando como uno
más.
Gould sostiene que ciencia y religión son dos
magisterios que no se superponen (NOMA: non overlapping
magisteria)
(32) . Pero, al mismo tiempo, desarrolla un programa
darwinista en el que queda poco lugar para el
espíritu y para Dios
(33)
(34)
(35)
(36) . Presenta la evolución como prueba de
que no existe una finalidad, como si el ser humano fuera
puro resultado casual de los procesos materiales, y, de
acuerdo con Freud, como si el ser humano hubiera perdido
definitivamente su lugar central en el mundo
(37) . Es cierto que la pura biología no
permite resolver estas cuestiones, pero Gould adopta una
posición confusa porque parece involucrar
también al plan divino en su esquema mental
(38) . En realidad, no existe oposición entre
la existencia de azar desde nuestro punto de vista y la
existencia de un plan divino: Dios es la causa primera de
todo lo que existe, y nada cae fuera de su acción
(39) . A pesar de todo, Gould insiste en que ciencia
y religión no se oponen
(40) .
4.2. Edward O. Wilson y la unidad del
conocimiento
Edward O. Wilson nació en los Estados Unidos en
1929. Se doctoró en biología por la
Universidad de Harvard en 1955, y desde entonces siempre
ha enseñado en esa Universidad. Ha ganado dos
veces el premio Pulitzer, con sus libros Sobre la
naturaleza humana (1978) y Las hormigas
(1990). Su libro Sociobiología (1975) fue
un hito importante en el desarrollo de esa disciplina
científica que estudia la relación entre
los genes y la conducta. Ha publicado otros seis libros.
Ha recibido diversos títulos honoríficos y
es considerado como una autoridad en el estudio de los
insectos sociales (especialmente las hormigas), la
sociobiología y el medio ambiente (biodiversidad).
En 1998 publicó su libro Consilience. La unidad
del conocimiento, que provocó muchas
discusiones
(41) .
Wilson propone una unidad del conocimiento que, en
último término, se basa en la
reducción de todo a la biología
(42) . Es una nueva versión del materialismo,
que intenta explicar el espíritu humano, la
religión, la ética, y todas las dimensiones
espirituales de la vida humana, mediante las fuerzas que
estudian las ciencias naturales. Ciertamente, la vida
humana tiene una base biológica que siempre debe
tenerse en cuenta. Pero una reflexión sobre el
método científico y los resultados que
produce permite advertir que no se puede reducir lo
humano, ni siquiera la ciencia, a lo material: el
progreso científico es una de las mejores pruebas
de que poseemos capacidades que trascienden el mundo de
la naturaleza material
(43) . (Este argumento se encuentra ampliamente
desarrollado en el libro: Mariano Artigas, La mente del
universo, Pamplona, Eunsa; The Mind of the Universe,
Philadelphia, Templeton Foundation Press).
4.3. Stephen Hawking y el origen del
universo
Stephen Hawking es seguramente el científico
más famoso de nuestra época, debido, en
buena parte, a las circunstancias de su enfermedad. Se
han editado millones de ejemplares de su libro Breve
historia del tiempo.
En sus publicaciones, Hawking ha mezclado el estudio
científico del origen del universo con el problema
filosófico y teológico de la acción
divina en el mundo, como si la física, al estudiar
el origen del universo en el tiempo, tuviera
implicaciones sobre el problema metafísico y
religioso de la auto-suficiencia del universo o de su
dependencia en el ser.
En realidad, Hawking no niega la existencia de Dios, y
admite que Dios puede actuar de modos que nos resultan
inaccesibles científicamente
(44) . Pero a veces se expresa de modo confuso sobre
estos temas. Como ya puso de relieve santo Tomás
de Aquino hace siglos, el origen del universo en el
tiempo es un problema diferente de su auto-suficiencia:
el universo material no puede ser auto-suficiente,
depende completamente en su ser de Dios y, en este
sentido, es creado, pero esto poco tiene que ver con el
origen en el tiempo, aunque la doctrina cristiana
también afirma que el mundo ha tenido un origen en
el tiempo
(45) .
4.4. Peter Atkins y los límites de la
ciencia
Profesor de química física en la
Universidad de Oxford, Atkins adopta una posición
de abierta hostilidad frente a la religión, como
si la ciencia fuera incompatible con la religión
(46) . Convierte las obvias diferencias que existen
entre ciencia y religión en incompatibilidad
(47) . Sostiene que todos los problemas, incluso la
existencia misma del universo, se pueden solucionar
mediante la ciencia, y niega valor a los argumentos
religiosos
(48) , considerando a la ciencia y a la
religión como opuestas e irreconciliables
(49) . Ha dedicado un libro entero a argumentar que
es posible encontrar una explicación física
de la creación del universo desde la nada, sin
invocar la existencia de un Dios creador
(50) , una idea que lleva a la ciencia más
allá de lo que su método le permite
estudiar. Atkins es un ejemplo del tipo de razonamientos
que perpetúan en nuestra época la idea de
que ciencia y religión son opuestas e
incompatibles
(51) .
4.5. Richard Dawkins y el capellán del
diablo
Dawkins se ha hecho muy popular tanto por su talento
para la divulgación científica como por su
implacable crítica a la religión, que
aparece como hecha en nombre de la ciencia.
Después de haber enseñado biología,
ocupa en la Universidad de Oxford una cátedra de
comprensión pública de la ciencia, creada
expresamente para él
(52) .
Desde su primer libro El gen egoista, Dawkins intenta
explicar la evolución y todos los aspectos
importantes del mundo viviente en función de los
genes. En esta línea, introdujo la idea de los
memes, replicadores culturales que desempeñan en
el mundo de la cultura un papel semejante al de los genes
en la biología. Aplica esta idea a la
religión que, según él, sería
un meme especialmente eficaz que se transmite y se
contagia, y dado que considera que la religión es
un factor negativo en la vida humana, lo califica como
virus de la mente
(53) . No tiene inconveniente, al contrario, en
presentarse como un enemigo de la religión,
desempeñando en cierto modo el papel expresado en
el título de uno de sus libros, el capellán
del diablo
(54) .
Es llamativo el modo superficial y siempre negativo
con que Dawkins aborda los temas religiosos, y que se
encuentra muy unido a un cientificismo de fondo
según el cual la ciencia es la fuente de todo
conocimiento válido
(55) .
4.6. Carl Sagan y el cosmos
Carl Sagan se hizo muy popular con su serie televisiva
Cosmos, acompañada por el correspondiente libro.
Se calcula que unos 500 millones de personas han visto
esa serie. Al mismo tiempo, también fue famoso por
su extraordinario interés en la búsqueda de
inteligencias extraterrestres
(56) .
Sagan también fue conocido por su
ateísmo, y es citado frecuentemente en apoyo de
las posiciones del humanismo secularista
(57) .
Su tratamiento de la religión es bastante
superficial. En los últimos años, antes de
su muerte en 1996, movido por el deseo de unir fuerzas
para afrontar los problemas globales del medio ambiente,
suavizó su crítica a la religión, y
tuvo actuaciones públicas junto con líderes
religiosos.
4.7. Steven Weinberg y el problema del mal
Steven Weinberg
(58) recibió el premio Nobel de física
en 1979 por su trabajo en la unificación de la
fuerza electrodébil. Autor de varios libros de
amplia difusión, se manifiesta abiertamente hostil
a la religión, llegando a presentar la ciencia
como la actitud opuesta a la religión
(59) .
Los argumentos de Weinberg en contra de la
religión tienen, en buena parte, una componente
ética: no comprende cómo Dios podría
permitir desastres como el Holocausto, en el que
perdieron la vida bastantes de sus parientes, o las
enfermedades. Esto recuerda las dos objeciones que
planteó Santo Tomás de Aquino al exponer,
en la Suma Teológica, sus argumentos a
favor de la existencia de Dios
(60) . La primera objeción es que las
explicaciones naturales bastan y Dios resulta superfluo.
Esto se encuentra en los autores que, hoy día,
presentan a la ciencia como capaz de explicar todo lo que
se puede conocer, sin darse cuenta de que Dios y la
ciencia se encuentran en niveles diferentes: es necesario
admitir a Dios como fundamento último de todo lo
que existe, el mundo no puede ser auto-suficiente, y la
acción divina es compatible con la actividad de
las causas creadas que estudia la ciencia, ya que Dios
mismo da a las criaturas la capacidad de actuar
según sus leyes propias y colabora para que
actúen. La segunda objeción se basa en la
existencia del mal, y nada tiene que ver con la ciencia.
Santo Tomás responde que Dios sólo puede
permitir males en vista de bienes mayores. Podemos
pensar, por ejemplo, que los males físicos pueden
servir para obtener bienes espirituales mucho mayores, y
que la existencia de la libertad humana lleva consigo la
posibilidad de utilizarla mal, lo cual es la causa de
muchísimos de los mayores males que existen en el
mundo.
5. Ciencia y religión en
diálogo
El 5 de enero de 1982, el juez William R. Overton tuvo
que juzgar un litigio entre los creacionistas y los
evolucionistas, en el estado de Arkansas. Después
de escuchar las declaraciones de una serie de
científicos, en su larga sentencia incluyó
una definición de la ciencia basada en cinco
rasgos
(61) . En definitiva, la ciencia experimental se
caracteriza por buscar un conocimiento del mundo natural
que se pueda someter a control experimental.
La ciencia natural es posible porque en la naturaleza
existen muchas pautas, regularidades en el espacio y en
el tiempo, que se pueden expresar mediante leyes
generales
(62) . Esto permite que la ciencia experimental tenga
una peculiar fiabilidad que, en cambio, no se encuentra
del mismo modo cuando se consideran aspectos más
profundos de la exiestencia, que van unidos a la
espiritualidad y a la libertad humanas. Por este motivo,
la competencia en el campo científico no
garantiza, en modo alguno, que la misma persona sea
competente para juzgar adecuadamente las cuestiones
filosóficas o religiosas.
Muchos científicos son personas religiosas,
aunque con frecuencia, como sucede en otros
ámbitos, quienes propugnan ideas más
extremistas sean más conocidos en la
opinión pública, y sus ideas se presenten
como si estuvieran avaladas por la ciencia, cuando en
realidad nada tienen que ver con ella.
Se suele admitir en la actualidad que ciencia y
religión ocupan ámbitos diferentes, pero
existen relaciones entre ambas. En en libro ya mencionado
La mente del universo he examinado un tipo de relaciones
que me parecen especialmente interesantes para mostrar la
coherencia entre ciencia y religión, respetando
sus diferencias y evitando el naturalismo que pretende
reducir todo a la ciencia
(63) . Se trata de un análisis de los
supuestos e implicaciones generales del progreso
científico. Existen tres tipos de tales supuestos.
El primero se refiere a la inteligibilidad o racionalidad
de la naturaleza; puede ser denominado ontológico,
y se encuentra estrechamente relacionado con el orden de
la naturaleza. El segundo se refiere a la capacidad
humana para conocer el orden de la naturaleza; puede ser
denominado epistemológico, e incluye las
diferentes modalidades de la argumentación
científica. El tercero se refiere a los valores
implicados por la actividad científica; puede ser
denominado ético, e incluye la búsqueda de
la verdad, el rigor, la objetividad, la modestia
intelectual, el servicio a los demás, la
cooperación, y otros valores relacionados con
éstos.
Además, el progreso científico ejerce una
retroacción sobre esos supuestos, ya que los
retro-justifica, los enriquece, y los precisa. Dado que
esos supuestos son condiciones necesarias para la
existencia de la ciencia, el progreso científico
es una condición suficiente para su existencia y
nos permite determinar su alcance. Visto a la luz de esa
retroacción, el análisis de cada uno de
esos supuestos puede proporcionar una clave para
comprender el significado del progreso científico
y, por tanto, su alcance teológico. Ese
análisis puede ser utilizado para comprender que
entre ciencia y religión no sólo no hay
oposición, sino que, como es lógico, existe
una coherencia que posibilita un diálogo dentro
del respeto a la recíproca diversidad.
Índice de diapositivas
-
Portada
La tesis del conflicto: Draper
La tesis del conflicto: White
El conflicto según Draper
Draper sobre Galileo (1)
Draper sobre Galileo (2)
Draper sobre Galileo (3)
White sobre Galileo (1)
White sobre Galileo (2)
El caso Galileo (1) Salto a la fama 1609-1610
El caso Galileo (1) viaje a Roma 1611
Portada del Sidereus Nuncius
Palazzo Firenze (1)
Palazzo Firenze (2)
Palazzo Firenze (3)
Collegio Romano (1)
Collegio Romano (2)
El caso Galileo (2) Primera fase de los problemas:
antecedentes
El caso Galileo (2) viaje a Roma y condena del
copernicanismo: 1616
Pablo V: fachada de San Pedro
Piazza Barberini (Tritone Bernini)
Palazzo Barberini
Urbano VIII y el argumento de la omnipotencia
divina
El caso Galileo (3) proceso 1633
Villa Medici (1)
Villa Medici (2)
Villa Medici (3)
Whitehead y el origen de la ciencia moderna
Stanley Jaki sobre el origen de la ciencia
moderna
Una valoración actual de la tesis del
conflicto
RELACIONES CIENCIA-RELIGIÓN HOY. LOS
ORÁCULOS DE LA CIENCIA
Stephen Jay Gould (Harvard). NOMA (Non-Overlapping
Magisteria)
Programa Darwinista de Gould (1)
Programa Darwinista de Gould (2)
Programa Darwinista de Gould (3)
Programa Darwinista de Gould (4)
Gould y Freud
Gould y la providencia divina
Providencia divina y evolución
Gould sobre científicos y religión
(examen 27 noviembre 1981)
Edward O. Wilson (Harvard)
Edward O. Wilson (1998)
Sociobiología y naturaleza humana
Stephen Hawking
Creación y origen temporal
Peter Atkins (1)
Peter Atkins (2)
Peter Atkins (3)
Peter Atkins (4)
Peter Atkins: La creación
¿Ciencia contra religión?
Richard Dawkins (1941- )
Dawkins: genes, memes y virus
Dawkins: un capellán del diablo
McGrath sobre Dawkins
Carl Sagan (1)
Carl Sagan (2). Introducción a Hawking (Historia
del tiempo)
Steven Weinberg
Plantar cara
Weinberg: motivos filosóficos y razones
éticas
Overton sobre ciencia (5 enero 1982). McLean vs
Arkansas
Entre Templeton y los Oráculos
Una propuesta para el diálogo
Presentación completa
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